Familiares, amigos y personas de bien, dejarán rodar sinceras lágrimas por el trágico destino de Alejandro Benítez, el docente jubilado salteño que tras sufrir un accidente vial en Bolivia dejó este mundo injusto y deshumanizado por ser argentino y por no tener un gobierno digno y comprometido que haga valer sus derechos y cuidar su vida más allá de las fronteras de nuestro país.

El contrapunto, lo marcarán los lamentos oportunistas y de ocasión que autoridades y funcionarios nacionales aflorarán ante cámaras y en redes sociales, acosados por sus sucias conciencias que los hostigarán hasta sus últimos días, porque simplemente no hicieron ni nada hacen por el cumplimiento de acuerdos bilaterales que fueron gestados para velar por los argentinos en el exterior.
Alejandro Benítez pagó con su vida el desinterés y desprecio de los gobiernos de Argentina y Bolivia que se venden como populares y apóstoles de los derechos humanos, pero en rigor de verdad están más ocupados en sus mezquindades e intereses personales vinculados a sus cuentas impagas con la Justicia.
Lo ocurrido con Benítez, rescata en la memoria el caso de Manuel Vilca, el joven jujeño accidentado en Bolivia al que le negaron atención médica y al que quisieron cobrar sumas siderales en dólares por servicios cuanto menos discutibles, incluido hasta el papel higiénico.
La diferencia entre Vilca y el infortunado Benítez está en la acción determinada y decidida de Gerardo Morales que movilizó cielo, tierra y Cancillería para recuperar a Vilca con el avión sanitario de la Provincia de Jujuy y rescatarlo de un infierno de abandono, usura y menosprecio.
Si de repasar capítulos de la historia reciente se trata, es oportuno recordar que el Gobernador de Jujuy advirtió en 2019 la falta de reciprocidad con Bolivia en materia de salud, en definitiva, de vida. Manuel Vilca fue internado en un hospital público de Oruro durante 5 días y le cobraron 22.000 Pesos Bolivianos. Luego fue derivado a una clínica de Cochabamba, donde junto a su familia y amigos tuvieron que pagar la suma de 7.000 dólares. Para continuar con el tratamiento y la operación, le exigían el pago de 10.000 dólares más, situación rotundamente opuesta al trato que Jujuy brinda a los ciudadanos bolivianos. Es por ello que se procedió a repatriar al paciente para continuar con el tratamiento en Argentina, para lo cual el Gobierno de Jujuy debió pagar 2.000 dólares extras para que dejen salir de Bolivia a Vilca, quien hoy transita su vida con plenitud y proyectos.
Frente a este caso, testigo de miles y miles que se desconocen y son moneda corriente del otro lado de la frontera, Morales machacó y machacó hasta lograr que la República Argentina y el Estado Plurinacional de Bolivia celebren un acuerdo de cooperación en materia de salud.
En el marco de dicho acuerdo, se comprometieron a implementar sistemas de vigilancia epidemiológica, acciones integradas en áreas fronterizas y asistencia médica en establecimientos públicos de salud, premisas que lamentablemente para Benítez y otros anónimos que deben estar padeciendo múltiples penurias en el país vecino, fueron lisa y llanamente incumplidas.
En medio del dolor y la impotencia, llega el momento de la justicia, el tiempo de establecer responsabilidades y culpas. Aunque para Benítez y sus seres queridos sea tarde, autoridades de Salud y de Cancillería de Argentina tendrán que moverse, trabajar y justificar sus onerosos cargos, haciendo planteos y reclamos pertinentes para que los convenios de reciprocidad sean cumplidos y se garantice atención médica de calidad a los ciudadanos argentinos en Bolivia. Así, la muerte de Alejandro Benítez y las lágrimas de sus deudos, no serán en vano.















