
Una pandemia plantea terribles desafíos, sobre los impactos en las economías está la necesidad de evitar el sufrimiento humano. La crisis sanitaria es mundial. No sólo la ONU realiza un llamamiento para luchar contra el virus, especialmente en los países más vulnerables, sino todos los dirigentes aúnan su voz en esta prioridad. La Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Michel Bachelet, resaltó que la pandemia "tendrá efectos desproporcionados en los más pobres".
El camino está signado por la adopción de medidas concertadas y decisivas por parte de todos los gobiernos y especialmente de las familias y de cada persona. Las escuelas cierran y los trabajos se detienen en los países más ricos y en los más desposeídos.
Las mujeres son casi el 70 % de los trabajadores de la salud en el planeta y padecen este impacto enormemente. Estamos en la hora de entender y emprender la solidaridad con todas las personas y con todos los países comenzando por los más necesitados.
Resulta prioritaria la guía de la Organización Mundial de la Salud para lograr una acción conjunta y los resultados esperados. La resistencia de la cadena se mide por el eslabón más débil, allí está el secreto, ver, ayudar y movilizarse por los más necesitados es una prioridad para los Estados y para todos; los países y las regiones más vulnerables deben acceder a las oportunidades de enfrentar la pandemia principalmente en sus espacios más empobrecidos.
Si así no fuera, la pandemia impactaría aún más gravemente al mayor número. Vivimos el momento de proyectar una recuperación moral, social y económica en que el imperativo es defender la vida. El centro no es la economía, la deuda, el financiamiento, es la gente en su habitat. ¿Qué le queda al hombre fuera de la naturaleza?.

La salida de este desafío debe hallarnos unidos en la visión de un planeta que avance hacia la supervivencia, la descontaminación, la sostenibilidad y el respeto a un derecho que contiene los derechos del hombre y el de la naturaleza. Como en la lemniscata de Jakob Bernoulli, se trata de volver para hallar el infinito no el fin por accidente. El nombrado matemático y científico estudioso de la naturaleza, hace más de 3 siglos eligió esta frase que explica la “lemniscata” (conocida como el símbolo del infinito) para su cuadernos y es su epitafio: "Eadem mutata resurgo" (Mutante y permanente, vuelvo a resurgir siendo el mismo). Resurgir es ineludible, lo importante es saber que resurgiremos siendo la misma persona que somos en este momento, la misma civilización que hoy contiene nuestro espíritu. No es un problema material, es absolutamente espiritual.

En cuanto a lo que pasa en nuestros días, en que todos vivimos la pandemia, se trata de una recuperación para el ambiente que es temporal, porque luego la economía buscará recuperarse de manera intensa. En febrero de 2020 las emisiones en China disminuyeron 200 megatones, un 25 % de las de efecto invernadero en ese país. Esto ocurre en todo el planeta, en distintas proporciones. Uno de los mensajes del Covid-19 es que los Derechos de la Naturaleza son imprescindibles para los Derechos Humanos y son inescindibles de estos últimos. En la naturaleza existimos y debemos convivir con armonía. Este virus es el último ejemplo del modo en que áreas ricas en especies y hábitats de animales salvajes se relacionan con la propagación de enfermedades. Cuando menores son las defensas, más expuestos estamos los humanos y la naturaleza.

El costo de la explotación irracional e insostenible de la naturaleza en nuestra vida diaria es mucho mayor que los beneficios económicos de la devastación ambiental. La salud ambiental hace a la salud humana; es nuestra obligación hallar el modo de convivir con el ambiente fortaleciendo nuestras defensas al respetarlo para que nuestra acción sobre él no nos destruya. Esta obligación es un derecho propio de la fuerza mayor en nuestros días y su cumplimiento es para siempre (como lo consagra el Art. 41 de Constitución Nacional argentina y la legislación dictada en consecuencia).
Es un imperativo tener en cuenta y honrar los compromisos asumidos, por toda la comunidad internacional, en: (a) La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada en septiembre de 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, que establece una visión transformadora para los 193 Estados Miembros que la suscribieron; (b) El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, adoptado en la tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas, celebrada en Sendai (Japón) el 18 de marzo de 2015, que expresa: “5.
Es urgente y fundamental prever el riesgo de desastres, planificar medidas y reducirlo para proteger de manera más eficaz a las personas, las comunidades y los países, sus medios de subsistencia, su salud, su patrimonio cultural, sus activos socioeconómicos y sus ecosistemas, reforzando así su resiliencia.”; y (c) La Declaración del Milenio, Resolución 55/2 de la Asamblea General de la ONU (AGNU) aprobada el 8 de septiembre de 2000 (A/res/55/2s), entre otros precedentes a los cuales hacemos mención por su importancia entre los consensos internacionales en la preservación del ambiente, la reducción del riesgo de desastres, el respeto de la naturaleza como un valor esencial de las relaciones internacionales, respectivamente. Esta última resolución de la AGNU, que es un precedente replicado en múltiples instrumentos internacionales, expresa: “El respeto de la naturaleza.
Es necesario actuar con prudencia en la gestión y ordenación de todas las especies vivas y todos los recursos naturales, conforme a los preceptos del desarrollo sostenible. Sólo así podremos conservar y transmitir a nuestros descendientes las inconmensurables riquezas que nos brinda la naturaleza.
Es preciso modificar las actuales pautas insostenibles de producción y consumo en interés de nuestro bienestar futuro y en el de nuestros descendientes”; asimismo precisa: “IV. Protección de nuestro entorno común. 21- No debemos escatimar esfuerzos por liberar a toda la humanidad, y ante todo a nuestros hijos y nietos, de la amenaza de vivir en un planeta irremediablemente dañado por las actividades del hombre, y cuyos recursos ya no alcancen para satisfacer sus necesidades. 22- Reafirmamos nuestro apoyo a los principios del desarrollo sostenible, incluidos los enunciados en el Programa 21, convenidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. 23-. Decidimos, por consiguiente, adoptar una nueva ética de conservación y resguardo en todas nuestras actividades relacionadas con el medio ambiente y, como primer paso en ese sentido, convenimos en lo siguiente:
Hacer todo lo posible por que el Protocolo de Kyoto entre en vigor, de ser posible antes del décimo aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en el año 2002, e iniciar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero” (El Protocolo de Kyoto entró en vigencia en 2005, numerosos instrumentos internacionales se acordaron tomándolo como base). “Intensificar nuestros esfuerzos colectivos en pro de la ordenación, la conservación y el desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo”. “Insistir en que se apliquen cabalmente el Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África”. “Poner fin a la explotación insostenible de los recursos hídricos formulando estrategias de ordenación de esos recursos en los planos regional, nacional y local, que promuevan un acceso equitativo y un abastecimiento adecuado”. “Intensificar la cooperación con miras a reducir el número y los efectos de los desastres naturales y de los desastres provocados por el hombre”….
No es un problema material, es absolutamente espiritual, como la solidaridad humana fundamental y la conciencia de la armonía con la naturaleza. Volviendo a Bernoulli y la lemniscata: “Eadem mutata resurgo" (Mutante y permanente, vuelvo a resurgir siendo el mismo), reiteramos que resurgir es el ineludible imperativo del alma humana y que lo importante es saber que resurgiremos siendo la misma persona que somos en este momento, la misma civilización que hoy contiene nuestro espíritu.















