La agenda política argentina sigue marcada por la conflictividad permanente. Es una constante, tanto en el oficialismo como en la oposición.
La clase política parece estar cómoda con este formato o esquema de cosas, ya que la opinión pública se entretiene con los sainetes del reality político, y la atención deja de enfocarse en los problemas reales y urgentes.
Como decíamos la semana pasada, la agenda pública parece pasar por discusiones gallináceas de imbecilidades y cretinadas de los principales actores de la tragedia argentina.
Si ya teníamos una economía descalabrada por ese perverso sistema de control de cambios y cepos que obstaculizan, truncan y frustran cualquier intento o atisbo de iniciativa, en este año de elecciones vamos a tener un incompresible descalabro electoral por la diversidad de leyes y regímenes vigentes a lo largo de todo el territorio nacional.
Solo para ilustrar el descalabro cambiario, está vigente un complicadísimo esquema que acaba de recibir un nuevo tipo de cotización para esa colección que ahora suma 16 variantes; un sinsentido que no se dan en ningún lugar del mundo civilizado.

Ahora habrá un dólar exclusivo para turistas extranjeros por el que podrán acceder a la cotización MEP a la hora de convertir sus dólares a pesos argentinos, mucho más conveniente que el precio minorista -$293 versus $158 al cierre de la semana-. Un tipo de cambio al que ningún ciudadano puede acceder, ni siquiera los productores agropecuarios que producen para exportar y que son, prácticamente, la gallina de huevos de oro.
Llamativa es la situación del productor rural que está sometido un régimen cambiario que lo reduce a una situación de casi servidumbre, ya que el Estado Nacional se apropia de la mitad del neto de su producción con el tipo de cambio oficial. Y sobre el remanente se somete lo grava impuestos y retenciones confiscatorios. ¿Qué habrá pasado con aquello de que "la Patria es el otro"?
Ese descalabro legal que han elucubrado los genios de la política económica ahora se replicará en el régimen electoral. Amén de la vigente discusión sobre las PASO, en el 2023 nos encaminamos a tener un territorio nacional con un variopinto sistema de leyes electorales ya que habrá provincia que adelantarán sus elecciones provinciales y municipales, otras que tendrán un sistema de ley de lemas y otras que no. Todo pensado según la conveniencia de cada gobernante. Algún día, cuando vuelva a primar el sentido común, volveremos a tener un régimen electoral uniforme y coherente.
A propósito de la conveniencia -o no- de eliminar las primarias, sigue algo trabada la cuestión en la coalición gobernante donde, ahora, Cristina Kirchner se sumó a la presión personalmente. Así lo hizo en su última aparición pública luego de poco más de dos meses de ausencia tras el fallido intento de asesinato.
En esta última aparición había mucha expectativa sobre lo que iba a decir. Justamente, la vicepresidente es una de aquellas personas que tiene una visión de la política como una confrontación permanente. Y esta vez se las agarró con todos. No escatimó críticas y casi todos fueron fustigados.

Criticó a la dirigencia de la CGT, a quienes reprochó lo que consideró una escasa resistencia al gobierno de Mauricio Macri. Criticó al macrismo, al que sigue empecinada en vincular, de alguna manera, al fallido atentado. Criticó a la Justicia por la excarcelación de los miembros de Revolución Federal. Y criticó al presidente Alberto Fernández de quien, de a poco, empieza a despegarse, aunque asegura no arrepentirse de haberlo elegido o designado. Los únicos que se salvaron fueron los medios.
Además de sumarse a la presión por la eliminación de las PASO, también se manifestó a favor de un bono de suma única para los trabajadores, pedido al que parece que Sergio Massa terminará favoreciendo.
Alberto Fernández continúa resistiendo la presión del kirchnerismo en ese sentido. Habrá que ver cuánto le dura esa resistencia a este hombre que, hasta ahora, demostró que se le puede torcer el brazo con la misma facilidad que cambia de opinión. Por ahora, esgrimió como contra argumento que lo que es realmente importante es la cuestión de la renta extraordinaria y no las primarias.
Mientras estos sainetes continúan entreteniendo a la opinión pública, la economía sigue cuesta abajo. Fue otra semana de racha perdedora para las reservas del Banco Central. Se esfumaron 350 millones de dólares, a un ritmo de más de 50 millones por día.
Entre las pequeñeces y sinsentidos que se siguen discutiendo a nivel dirigencial cabe destacar el micro conflicto que por el aumento de la medicina prepaga. Estaba proyectado un aumento del 13,8% en diciembre, pero como a la vicepresidente le pareció inaceptable, se dispuso desdoblar el aumento en dos tramos. Un 6,9 en diciembre y otro 6,9 en enero. Al final de cuentas, el aumento es inexorable. Para lo único que servirá el desdoblamiento es para mejorar las estadísticas del 2022.

En la oposición ocurre otro tanto. Mauricio Macri sigue jugando al indeciso sobre su eventual candidatura, aunque tiene reapariciones que siempre resultan clave, tal como lo hizo esta semana al aparecer como una especie de amigable componedor entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, quienes siguen sacándose chispas. Curiosamente, este clima de hostilidad entre los presidenciables del PRO fue generado por el propio ex presidente. Es una de las formas en que se ejerce el poder en este país: se crea, o se ayuda a crear, un conflicto para luego aparecer como el salvador.
En el otro socio de Juntos, las cosas están bastante más ordenadas bajo el firme liderazgo de Gerardo Morales quien no pierde tiempo con pequeñeces y ya adelantó una estrategia en caso de que se suspendan las primarias, a pesar de que para la UCR serían fundamentales para dirimir candidaturas con el PRO.















