Cuando la belleza es real, las voces son firmes y somos testigos de cómo la juventud está desmontando los discursos de odio, lamentablemente, poniendo el cuerpo para recibir las agresiones desde palabras crueles que tergiversan y desprecian una fiesta popular que nos identifica como jujeñas y jujeños. Y si, hay gente mala, tal como lo dijo Morella al ser electa para representar nuestra provincia.

Aunque el legislador nacional Manuel Quintar haya intentado excusarse argumentando que sus palabras no estaban direccionadas a una persona en particular, su ataque deja al descubierto algo más profundo: una embestida directa contra toda la Fiesta Nacional Estudiantil, una celebración popular que identifica, une y llena de orgullo a jujeñas y jujeños.
Durante décadas, este evento cargó con la inercia de mandatos estéticos rígidos y lógicas excluyentes. Sin embargo, la reciente consagración de Morella Kiara Gira López como Representante Provincial marcó un punto de inflexión decisivo. Su elección posicionó en el centro de la escena pública un mensaje urgente que trasciende lo individual: la empatía, el respeto y la lucha frontal contra el acoso escolar.
Este hito evidenció la distancia entre la transformación cultural de las juventudes y la resistencia de sectores conservadores que intentan opacar la alegría colectiva. La reacción del legislador nacional, al tildar el certamen de «wokismo» y hablar de una "infección ideológica", expone el uso de la agresión como estrategia política. No se trata solo de un fallo en las formas; es la incapacidad de tolerar un espacio de fiesta popular, diversidad y expresión joven que es único en todo el país.
El intento de disfrazar el desprecio bajo el paraguas de la “libertad de expresión” busca naturalizar el racismo, la discriminación y desacreditar lo popular. Lo que parece molestarles a estos discursos reaccionarios no es solo una elección puntual, sino el sentido de comunidad, la felicidad compartida y el valor de quienes sostienen esta tradición con esfuerzo y creatividad.
Esta tensión sobre las batallas culturales deja al descubierto a las narrativas dominantes: mientras buscan sostener rancios privilegios simbólicos mediante el ataque a las identidades no hegemónicas, las nuevas generaciones resignifican sus fiestas tradicionales como plataformas de encuentro e inclusión.

La respuesta de la comunidad —que tildó al legislador como "el abanderado del bullying"— demuestra que el tejido social jujeño no está dispuesto a tolerar el violento destrato ni que se empañe una fiesta que le pertenece a toda la provincia. Cuando se apagan las luces del estadio, lo que perdura no es el ataque oportunista, sino la vigencia de una juventud que cuida su fiesta, defiende su derecho a ser feliz y reafirma que la verdadera libertad siempre se construye con respeto.
¡Gracias a las y los estudiantes de Jujuy por sostener con tanta dignidad la fiesta que nos une!
Noemí Isasmendi – Diputada Provincial Justicialista














