
Nicolás Maduro solo esperó 24 horas desde la asunción del nuevo mandatario cubano para subirse al avión presidencial, viajar a toda velocidad en dirección a La Habana y refrendar así su estrecha alianza con la revolución castrista. "Llevo propuestas nuevas para solidificar la alianza entre Cuba y Venezuela", aseguró Maduro minutos antes de emprender el vuelo desde Caracas hasta la capital cubana. Precisamente ayer su "hermano" cubano Miguel Díaz-Canel celebraba su 58 cumpleaños.
El mandatario bolivariano ha convertido a Cuba en destino favorito de sus viajes internacionales, cada día más escasos en su agenda. Para el lunes también se espera en la capital cubana a Evo Morales, presidente de Bolivia.
El líder bolivariano confirma que todo sigue igual entre dos revoluciones que parecen guardar un futuro común "por la consolidación de la Patria Grande".
Las trayectorias de Maduro y Díaz-Canel, elegidos por sus padres políticos para sucederlos, guardan paralelismos desde mucho antes de 2013, año en que el "hijo de Chávez" alcanzó la presidencia y en que el ahora jefe del Estado cubano alcanzó la primera vicepresidencia del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.
Fue desde esa fecha que Díaz-Canel se convirtió en un enviado muy especial cada vez que hacía falta viajar a Venezuela.
Con Maduro no solo lo une una talla y edad parecidas: el por aquel entonces joven revolucionario venezolano permaneció varios meses en Cuba, adiestrado ideológicamente en la famosa escuela del Partido Comunista.
Todo lo contrario a Nicolás Maduro piensa Estados Unidos, que ha multiplicado sus ataques contra Caracas y La Habana desde que se celebrara la Cumbre de las Américas en Lima.
"Muy decepcionado porque el gobierno de Cuba opte por silenciar las voces independientes, mantenga su monopolio de poder y no le permita a su pueblo elegir a sus gobernantes en libertad", aseguró ayer Heather Nauert, vocero del Departamento de Estado. Previamente tanto el presidente Donald Trump como su vicepresidente, Mike Pence, tampoco se habían ahorrado críticas contra Raúl y su delfín.
Los constantes viajes de Maduro a La Habana, siempre polémicos en su país, suceden esta vez días después de que la Asamblea Nacional aprobara el inicio del juicio por corrupción contra el mandatario, pese a las dudas existentes sobre la legitimidad del Tribunal Supremo en el exilio. Maduro ha restringido al mínimo sus viajes durante 2017 y 2018, ciñéndose a los países amigos: Cuba, Bolivia, Rusia y Bielorrusia.
Sobre la mesa de los dos líderes volverán a debatirse las estrecheces económicas provocadas por la terrible crisis social que asola Venezuela.
El país sudamericano solo envía hoy 55.000 barriles de crudo frente a los 120.000 de otras épocas. También ha suspendido el pago de 9000 millones de dólares anuales por el trabajo de los médicos caribeños en los municipios venezolanos.
"El comercio entre ambos países se sitúa en torno al 15% del PBI cubano", apunta el economista Pavel Vidal, antiguo funcionario del Banco Central de Cuba.
Según sus estimaciones, el PBI cubano puede caer entre el 7% y 9% por la crisis venezolana, "aunque es verdad que el turismo, las remesas y el sector privado han amortiguado el shock", confirma Vidal.















