Según un sondeo, el 60% de los consultados estimó que ambos deben renunciar.
El proceso de juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, que tendrá una definición esta semana, la encuentra aún con una popularidad muy baja: el 61% de los brasileños está a favor de su alejamiento del poder. Pero la encuesta, publicada por Datafolha, revela dos datos muy significativos. Por un lado, se observa que la jefa de Estado comenzó a recuperar espacio en relación a marzo, cuando 68% juzgaba que debía salir del Palacio del Planalto.
El segundo factor es el mal desempeño del vicepresidente Michel Temer en la estima de los ciudadanos. El 58% declaró que apoya su impeachment. Preguntados sobre la renuncia de la dupla gubernamental, 60% declaró que ambos deberían renunciar. Hay, también, una conciencia creciente sobre una salida electoral como la mejor alternativa: el 79% apoyó la realización de nuevas elecciones presidenciales en octubre próximo. Los datos se conocen horas antes de que mañana lunes la Comisión Legislativa decida si corresponde o no iniciar un impeachment a la mandataria.
Pero hay un político al que le va peor: se trata de Eduardo Cunha, titular de la Cámara de Diputados y tercero en la línea sucesoria. El 77% de los consultados se declaró a favor de que lo saquen del puesto y le anulen el mandato de parlamentario –apenas un 11% consideró que debe permanecer. Otras sorpresas provinieron del capítulo electoral de la encuesta. Primera conclusión: quienes ganan son el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva y la ex candidata Marina Silva, que salen arriba empatados. Quienes pierden en todos los escenarios son los “tucanos” Aécio Neves, el ex intendente paulistano José Serra y el actual gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin. Esto revela la abrupta caída de la confianza en los candidatos del Partido Socialdemócrata de Brasil (el PSDB), que en el caso del senador Neves llega a ser de 10 puntos (tenía 27 y ahora araña apenas 17% de favoritismo).
Este fenómeno se puede entender a partir de la fragilidad de la socialdemocracia, que ha mostrado frente al público una profunda división basada más en intereses de cargos a ocupar que de proyectos políticos. La última declaración del PSDB, realizada bajo el comando de su jefe espiritual, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, cayó mal incluso entre sus militantes. Ocurre que al apoyar la posibilidad de impeachment como “la salida más rápida de la crisis”, respaldó de hecho que asuma el vice Temer. Pero este político perdió prestigio, como lo revela Datafolha, precisamente por denuncias de corrupción en el caso de las coimas de Petrobras.
La supervivencia política de este hombre y de su grupo depende, de ahora en más, de los resultados del impeachment en el Congreso. Los tiempos se aceleraron a punto tal que Temer se apuró a contactar a todos aquellos con influencia entre los legisladores. El secreto de la operación reside, ni más ni menos, que en ofrecer cargos en un eventual futuro, cuando presuntamente alcance el tope del Poder Ejecutivo. Según el diario O Globo, los adláteres del vice se dedicaron estos días a contactar a los parlamentarios y los dirigentes partidarios en busca de los votos a favor del juicio político. Inclusive, el matutino carioca mencionó un político del entorno del vice quien habría dicho que Temer se juega “al todo o nada”. Es tan radical esa apuesta que, según siempre ese político, en caso de perder el vice no podría mantenerse en el gobierno brasileño. Legisladores de distintos partidos contaron que les fueron ofrecidos ministerios y secretarías para conquistar el voto a favor del impeachment.
















