En su primer viaje internacional, el presidente brasileño aterrizará en la Argentina por la noche. Ministros y empresarios lo acompañan para cerrar el acuerdo de integración en el que trabajan.

Llega al país esta noche el presidente brasileño Lula da Silva y el Gobierno aguarda con expectativa el devenir de las próximas horas. En primer lugar, porque está convencido que el acuerdo que se firmará sentará las bases de una nueva alianza bilateral en la que la Argentina tiene mucho por ganar de cara a los próximos años.
En segundo lugar, porque la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) volverá a mostrar al país en un escenario internacional, al cual accedieron a participar los dos grandes jugadores globales, los Estados Unidos y China, pese a no formar parte del bloque y de competir ambos por la influencia sobre sus integrantes, según pudo saber NOTINOR.COM.
Ambos encuentros forman parte del capítulo bilateral y multilateral de la Argentina adentrándose en la nueva globalización pospandémica, aunque Brasil atrae el grueso de la atención por el ambicioso acuerdo de integración que el país promete firmar con el Estado vecino este lunes en la Casa Rosada, en la segunda actividad oficial del día luego de la ofrenda floral de rigor en Plaza San Martín.
"Es la agenda más amplia que se tenga conocimiento", afirmó el embajador argentino en Brasilia, Daniel Scioli. "Una apuesta a que la sintonía entre los presidentes Alberto Fernández y Lula se vuelque en un programa de acción de gobiernos que los ministros de ambas naciones deberán poner luego en práctica", agregó.
Scioli se encuentra desde fines de la semana pasada en Buenos Aires porque Lula no viene solo, sino acompañado de sus ministros clave. También arribarán empresarios, ya que una de las actividades en agenda para este lunes, luego del almuerzo, será un seminario en el Museo del Bicentenario que preparan Cancillería y Economía con la Unión Industrial Argentina (UIA) y su par brasileña.
Si bien el acuerdo general lo sellarán ambos Jefes de Estado, en los días y semanas por venir, los ministros de cada país completarán los diversos capítulos en documentos de área más específicos. De hecho, Scioli estuvo con varios de ellos durante la última semana en Brasilia, antes de volar a la Argentina.
Este lunes en la Rosada, acompañarán a Alberto Fernández el ministro de Economía, Sergio Massa, el canciller Santiago Cafiero y Scioli, a quienes podrían sumarse otros miembros del gabinete como Daniel Filmus y Jorge Taiana. La idea es darle volumen político a la firma con una postal a la medida.

Desde el Gobierno definen el Acuerdo de Integración Argentina-Brasil como una iniciativa propia que pretende adaptar la asociación estratégica entre ambos países al nuevo contexto internacional, marcado por las alianzas más cercanas y confiables, estrategia a la que suele referirse como re-shoring, near shoring y friend shoring, y que busca re-significar la importancia de los bloques regionales de integración.
Al retomar su agenda de trabajo en Brasilia en tiempos de Jair Bolsonaro tras un breve paso por el Ministerio de Desarrollo Productivo, Scioli acercó un plan de 15 puntos a las autoridades de Itamaraty, la cancillería brasileña. El mismo esquema se lo presentó luego a Celso Amorim, el principal asesor internacionalista de Lula hoy.
Tras la victoria del PT y su coalición el 30 de octubre, la hoja de ruta se tomó como base y se amplió con nuevos puntos a partir del primer encuentro entre Fernández y Lula el lunes siguiente en San Pablo.
Durante las últimas semanas, el Gobierno puso candados al borrador del acuerdo que circulaba de un lado al otro de la frontera con el fin de evitar filtraciones. Lo que trascendió es que la meta es profundizar y extender la integración en todos los campos.
Entre ellos, energía, finanzas, agronegocios, industria, minería, conectividad, turismo, economía del conocimiento, defensa, derechos humanos, ambiente, educación, ciencia y tecnología y salud. En cada uno, hay políticas específicas que se perseguirán a largo plazo.
Lula no viene solo, sino acompañado de sus ministros clave. También arribarán empresarios.
En materia de integración financiera, se busca incrementar el comercio bilateral y las inversiones, profundizando la infraestructura de intercambio comercial. De hecho, uno de los puntos más esperados es el que versa sobre la creación de una moneda única que unificará al peso y el real, proyecto que aspira a expandirse, eventualmente, al resto del Mercosur.
En cuanto al capítulo energético, la apuesta es ampliar y reforzar la estructura de transporte con un gasoducto hasta la frontera con Brasil, un nuevo Memorándum de Energía para regular la venta de gas en verano y la compra de energía eléctrica en invierno y la venta de gas licuado del petróleo (GLP).
En el área de minería, se busca impulsar el aprovechamiento de las materias primas, con el litio en la Argentina y otros minerales en Brasil, con el fin de desarrollar la movilidad sustentable, además de la cooperación tecnológica de organismos públicos y científico-técnicos y entidades privadas, para avanzar en el desarrollo de baterías de litio e inversiones conjuntas en potasio y plantas de fertilizantes, como así también en potenciar las industrias de hierro y cobre de ambos lados de la frontera.
Tal como lo explican las diversas fuentes consultadas, se trata, en definitiva, de sentar las bases para el futuro de la asociación estratégica entre la Argentina y Brasil de cara al mundo que asoma, con un horizonte no menor a 10 años. Por primera vez se piensa en una alianza que fije políticas de Estado como alguna vez fue el Mercosur, que excedan los colores partidarios y que funcione como un programa para guiar, contener e impulsar la relación bilateral, clave para anclar la estabilidad política y el crecimiento económico de América del Sur.















