Editorial || Con la finalización de la mayoría de los escrutinios definitivos se confirmó que el kirchnerismo perdió estas Legislativas y que Juntos por el Cambio obtuvo una importante victoria a nivel nacional conservando un sólido interbloque de 117 bancas en Diputados mientras que acrecentó a 31 el número de senadores en la Cámara Alta. Para la coalición peronista, lo único que les permite disimular la derrota es se queda con la primera minoría en Diputados, aunque lejos del quorum y de la mayoría simple, y que la presidencia de la Cámara Baja no se toca.

En Jujuy todos festejaron. El gobernador Gerardo Morales quedó bastante fortalecido por los resultados de lo que fue una categórica victoria en los números sobre el kirchnerismo. Con poco más del 49% de los votos, el Frente Cambia Jujuy se impuso por casi 25 puntos, prácticamente doblando en intenciones, sobre el Frente de Todos que quedó en un lejano segundo puesto. Por esas cosas de la política y las particularidades del Sistema D´Hont, por menos de un punto no entró Natalia Sarapura, y el reparto fue una banca para cada fuerza. Es muy loable la actitud democrática del gobernador Morales quien no solo felicitó a las otras fuerzas sino que garantizó la transparencia del acto electoral y de los escrutinios, más allá de los irresponsables vaticinios de fraudes y metidas de mula. Seguramente porque él mejor que nadie sabe lo que es que te roben una elección. A diferencia de lo que ocurría años atrás, cuando los resultados se podían acomodar a las necesidades de Eduardo Fellner con algún conveniente corte de luz o con la misteriosa aparición de urnas en el GAM 5, se respetó la voluntad popular. En Jujuy el Diablo ya no mete la cola.
En el Frente de Todos, con los ánimos más calmos ya pasada la vorágine, ya están asimilando la catástrofe y, a diferencia de lo que sucedió a nivel nacional, los principales socios de la mesa chica peronista jujeña han tenido actitudes deportivas y democráticas. Así lo hicieron Rubén Rivarola, quien saludó y felicitó al claro ganador de la contienda, mientras que Guillermo Jenefes calificó de "extraordinaria" la elección de la Izquierda. Ambos hicieron concienzudos y honestos balances de la que fue –seguramente- la peor elección de la historia del Partido Justicialista en Jujuy. El ex vicegobernador fue certero al diagnosticar la causa: “Jujuy no es de La Cámpora ni Kirchnerista”, y por ello el voto bronca se canalizó hacia la Izquierda. La realidad para el peronismo es muy dura pues, de haber mantenido una hegemonía durante más de tres décadas, ahora quedaron muy lejos disputando, cabeza a cabeza, el segundo lugar con la Izquierda. Más que motivos de celebración tuvieron motivos para el desahogo.

Es indudable que el FIT ha dado un histórico batacazo al acrecentar el caudal electoral en prácticamente un 500%. Venían de quedar fuera de la Legislatura en las provinciales al no alcanzar el piso, y se terminaron quedando con una de las tres bancas en disputa en las nacionales. Y si bien en la Izquierda hoy tienen todos los motivos para festejar un milagro contra todo pronóstico, en algún momento deberán darse un baño de realidad y hacerse a la idea de no será fácil retener ese caudal de votos en el futuro. Es más que evidente que esos 80 mil votos salieron del peronismo, quizás por alguna maldad de los punteros, y seguramente allí regresarán.
El Frente Cambia Jujuy ha mejorado notablemente su performance desde 2019, si tenemos en cuenta los números de las Legislativas Provinciales y las PASO. El Frente de Todos perdió casi la mitad de su caudal electoral que se terminó dividiendo entre Cambia Jujuy y la Izquierda. Habrá que ver en el futuro cómo se distribuirá el voto bronca en cuanto el Liberalismo desembarque finalmente en Jujuy, pues en Buenos Aires y CABA ya desplazó a la Izquierda al cuarto puesto.
ACTITUDES AUTOCRÁTICAS
Preocupan las novedades que se van dando en términos de la radicalización del gobierno nacional en términos políticos y económicos, sobre todo tras una serie de actitudes autocráticas que se observaron en estos días. A solo tres semanas del 10 de diciembre, fecha en que debería producirse el recambio de legisladores en ambas cámaras del Congreso, parece que el Frente de Todos no desaprovechará este tiempo y se apresura a aprobar los decretos de necesidad y urgencia que necesitan aprobación parlamentaria. Se trata de unos 116 DNU que firmó el presidente Alberto Fernández. La oposición ha denunciado esta práctica como atropello constitucional. Elisa Carrió fue quizás una de las primeras en advertir que el gobierno aún conservaba "capacidad de daño hasta el 10 de diciembre".

Habrá que ver cómo responde la nueva oposición frente a estas prácticas -no del todo democráticas- que está implementando el gobierno. No sorprendería que, al encontrarse con un panorama empantanado en Diputados y Senadores, Alberto Fernández opte por gobernar por decreto; después de todo el peronismo tiene numerosos antecedentes de haber recurrido a esta modalidad toda vez que no contó con una escribanía en el Congreso. Todo indica que ésta será la actitud del gobierno nacional frente al reciente veredicto de las urnas. Por lo pronto, el presidente ya firmó un DNU para prorrogar durante cuatro años más la vigencia de la prohibición de desalojos frente a las tomas de tierra que realizan algunas comunidades indígenas en todo el país, claudicando el deber de la protección y la garantía de la propiedad privada.
Se conoció esta semana que, antes de que cambie la composición del Congreso, quieren aprobar un impuesto de 3% a los envases, cuya recaudación, en principio, sería para las cooperativas de recicladores urbanos; es decir el curro que maneja Juan Grabois. Básicamente estarían creando una nueva caja de recursos para financiar a los gerentes de la pobreza y a otros extorsionadores profesionales que responden al nuncio paralelo del papa Francisco. Dinero que, seguramente, los cartoneros no verán nunca.

A los oídos sordos que Alberto Fernández decidió hacer a 7 de cada 10 argentinos que le dijo "no" al kirchnerismo, al no reconocer la contundente derrota sufrida el 14 de noviembre, se suman las inquietantes declaraciones del gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, quien hizo un nuevo llamado a regular los medios, o las lamentables definiciones del ex juez de la Corte Suprema, Raúl Zaffaroni, para quien un resultado adverso en las urnas es una especie de golpe de Estado. Estas y otras valoraciones que fueron siendo expresadas o deslizadas por otros voceros autorizados van en sintonía con la siniestra idea de controlar las redes sociales y avanzar con la persecución judicial contra quienes expresen opiniones contrarias al kirchnerismo. Hay que estar atentos y tener mucho cuidado con estos deplorables ataques a la Libertad de Prensa.
LA ECONOMÍA Y LO QUE SE VIENE
En cuanto a la economía, como se ha visto, los mercados no reaccionaron positivamente a los recientes anuncios del presidente. La Bolsa en Buenos Aires en solo tres días se desplomó un 10%. Hubo fuertes caídas de las acciones argentinas en Nueva York; YPF cayó un 5%. Da la sensación de que el mundo financiero no le cree al gobierno de que se vaya a acelerar alguna conversación con el Fondo Monetario.
Cristina Kirchner aún no se ha pronunciado al respecto y nadie cree que este silencio se deba a algún repliegue. Si bien la reaparición de Martín Redrado podría significar algún tipo de señal, hasta ahora no hay ningún indicio de que haya intención de reducir el déficit fiscal ni de desacelerar el ritmo de emisión monetaria para frenar la escalada inflacionaria.
Lo cierto es que para el argentino de a pie, el costo de vida no para de subir. Se calcula que la inflación de noviembre puede llegar a perforar el 4%. Hay incertidumbre sobre los números de la inflación ya que no se sabe si el INDEC continuará midiendo como corresponde o se atendrá a la lista de precios congelados. Por estos días se registra una fortísima escalada en el precio de la carne que podría terminar con precios inaccesibles para las fiestas. En nuestra provincia ya se habla del kilo de asado por encima de los $1.000, mientras por estos días las panificadoras y pastelerías van anticipando una inminente suba en panificados.

El problema de la Argentina es cultural ya que prima una obsoleta visión de que los problemas estructurales de crecimiento, de inflación, de pobreza y de empleo deben ser resueltos por la ideología y no por la política o por la organización de la economía. Como siempre, la solución a estos problemas estructurales depende de una reforma tributaria, una reforma en las relaciones laborales, la apertura de un mercado de capitales, y una racional política monetaria en el Banco Central. Pero como el precio es alto, un gobierno debilitado no querría asumirlo.
Los analistas recomiendan que en el contexto actual todos los esfuerzos deberían concentrarse en volver a la estanflación previa a la pandemia. Para ello serán necesarios acuerdos políticos, acuerdos de mayorías en el Poder Legislativo, pero sobre todo que los gobiernos, si son de alianzas, empiecen a gobernar como alianzas. La experiencia nos enseña que de nada sirve la conformación de frentes políticos multipartidarios solo para ganar elecciones.
No se trata de recuperar el presidencialismo, algo que -a esta altura- parece más bien una utopía, sino de aprender a lograr la gobernabilidad a través del diálogo y la construcción de acuerdos. No es un tema menor sobre todo cuando la ingobernabilidad es generada desde dentro de los propios frentes.
No es nada desacertada ni destituyente la lectura del ex presidente Mauricio Macri sobre el comienzo de la transición, ya que con los resultados de las recientes elecciones el gobierno nacional quedó en la condición de pato rengo, y la oposición parece encaminarse a volver a ser gobierno en el 2023. He aquí está el desafío para unos y para otros: ¿Cómo se llega al 2023 y cómo se moldea el camino?















