La pandemia provoca que descansar correctamente por la noche sea mucho más difícil. Especialistas aseguran que el número de casos podría aumentar este año.

Se va a cumplir un año de la pandemia y aún permanecen en la sociedad varios efectos colaterales como es el insomnio que no sólo afectó a los adultos sino también a varios adolescentes que presentaron un desorden en su vigilia.
Las consecuencias que genera no tener una buena higiene del sueño puede afectar notoriamente al ser humano, incluso perturbar su comportamiento en la sociedad.
“El no dormir bien trae aparejado consecuencias que afectan a la salud física generando cambios hormonales y trastornos metabólicos (aumento de peso), pero también afecta la salud mental causando irritabilidad, cansancio, cambios de humor, dificultades en la toma de decisiones, menor concentración, entre otros síntomas”, expresó el psiquiatra Manuel Vilapriño.
Por su parte, la licenciada en Psicología, Laura García, manifestó que aquellas personas que no logran dormir las 8 horas recomendadas tienen consecuencias severas durante el resto del día como: quedarse dormidos en cualquier parte, actitudes pesimistas, aumento de la ansiedad, hipertensión, depresión, entre muchos factores más”.

Creció el consumo de psicofármacos
La sensación de miedo, ansiedad, incertidumbre generada por la pandemia hizo que aumentara el insomnio en la población, incluso, en Mendoza, se presentó como fenómeno el consumo de medicamentos naturales que trepó un 35% respecto el 2019.
“El dato es alarmante si se tiene en cuenta que por más que los remedios sean naturales son adictivos y merecen un estricto control médico”, dijo Vilapriño.
“El insomnio aparece como una sintomatología del trastorno de ansiedad y de la depresión y, a veces, esto acarrea un trastorno en el abuso de sustancia porque muchas personas para conciliar el sueño toman medicacióon y esto genera dependencia”, comentó García.
Por su parte, Silvana Malnis, neumonóloga y especialista en sueño, agregó que durante estos meses no sólo creció el uso y abuso de psicofármacos naturales o recetados sino también el consumo de alcohol, algo que nadie menciona y que fue “la medicación” utilizada por muchos para pasar las noches de insomnio".
El insomnio llegó para quedarse
Las consultas por insomnio han ido en ascenso desde que arrancó la pandemia a la fecha, sin embargo, Silvana Malnis manifestó que la patología llegó para quedarse.
“Dormimos como vivimos y esta situación realmente no es algo transitorio sino que va a afectar a más personas, de hecho, en medio de la normalidad de la pandemia surgen casos y tiene que ver ya no con la incertidumbre o el desconocimiento que genera esa enfermedad (ahora conocida por todas) sino con lo que viene tras la pandemia, el panorama que muchos deben afrontar desde lo económico, sobre todo”, expresó.
El psiquiatra Manuel Vilapriño expresó que el sueño es una función del psiquismo y del cuerpo sumamente sensible. “Es un fusible y cuando no logra estar regulado cualquier situación lo hace estallar, por lo que no es algo que se logre controlar de un momento para el otro, merece y requiere una buena higiene del sueño”.
Pautas para una buena higiene del sueño
La higiene del sueño se puede definir como el control de los factores conductuales y ambientales. Existen varias pautas para poner en práctica y así evitar el insomnio. Entre ellas sobresalen:
No tomar sustancias excitantes (café, té) especialmente durante la tarde o al final del día.
Cenar liviano y esperar una o dos horas para acostarse.
No irse a la cama con sensación de hambre.
Realizar ejercicio físico pero evitar hacerlo a última hora del día ya que activa el organismo.
Evitar siestas prolongadas (no más de 20-30 minutos) y nunca a partir de las 17.
Mantener horarios de sueño regulares, acostándose y levantándose siempre a la misma hora.
Evitar la exposición a luz brillante a última hora de la tarde y por la noche.
En la cama no realizar tareas que impliquen actividad mental (leer, ver tevé, usar celulares o tablet).
Realizar un ritual antes de acostarse que incluya conductas relajantes (música tranquila, lavarse los dientes, una ducha templada)
Mantener un ambiente adecuado. Se debe procurar tener una temperatura adecuada, evitando temperaturas extremas, evitar ruidos, usar colores relajantes, una cama y almohada confortable.















