El Sumo Pontífice había pedido descansar en el lugar al que tantas veces acudió en silencio, escapando de las luces de la plaza de San Pedro.

El Vaticano difundió este domingo las primeras imágenes de la tumba de Francisco, el papa argentino que, hasta su último suspiro, eligió la sencillez como su escudo.
Una losa blanca, fría y serena, parece resistirse a la solemnidad del momento. Bajo la vastedad abovedada de la Basílica de Santa María la Mayor, en pleno corazón de Roma.
Sobre la piedra de mármol se lee apenas una palabra: "Franciscus“. Nada más. Ni títulos, ni honores, ni fechas. La humildad de Francisco, reflejada hasta en su descanso eterno.
Encima, como una sombra protectora, cuelga una reproducción de la vieja cruz de hierro que acompañó su pontificado, símbolo visible de su anhelo de humildad, incluso frente a la eternidad. El lugar destila una sobriedad que invita a reflexionar.

Este lugar, apartado de los protocolos que normalmente rodean el último reposo de los papas, conmueve por su austeridad. Se encuentra en una iglesia que el propio Francisco eligió en vida y con las indicaciones que dejó expresas en su testamento.
La elección del sitio de entierro no fue casual. Francisco había pedido descansar en Santa María la Mayor, el lugar al que tantas veces acudió en silencio, escapando de las luces de la plaza de San Pedro.
Rechazó la cripta tradicional para descansar cerca de la venerada imagen de la Salus Populi Romani, una devoción de toda su vida.
El arzobispo encargado de la basílica explicó que esta decisión representa su vida “humilde, sencilla y esencial”, un legado que, en su final, se traduce en un lugar igualmente sencillo, lejos de las pompas eclesiásticas.

A solo un día del traslado de su féretro en una solemne procesión por las calles de Roma, miles de fieles ya comenzaron a rendirle homenaje en la basílica. A primera hora de este domingo, la multitud se agolpaba frente a la tumba, eran unas 13.000 personas, según dijo la Policía.
Una rosa blanca descansa sobre el mármol, lanzando un suspiro perfumado en medio del murmullo de oraciones. Una tenue luz cálida baña la lápida y proyecta sombras suaves sobre la reproducción de la cruz pectoral que cuelga arriba, como si custodiara el sueño eterno de Francisco.















