Hace ya muchos años, cuando FM Integración era una aventura. Cuando todavía estaba en un local chiquito e incómodo en el barrio Coronel Arias. Por ese entonces, siendo yo dirigente vecinal, me convocaron para realizarme una entrevista (no me acuerdo cual era el tema). Entonces llegue y me atendió una persona muy atildada –después siempre lo vi igual de pulcro- era el Director, Juan Carlos Andrada. En principio no nos tuteamos pero nos agradamos.
Al tiempo nos cruzamos en el centro y nos reconocimos. Ahí fue la primera vez de miles que nos tomamos un café. En esa circunstancia fue que charlamos sobre lo que a los dos nos convocaba, la política, la actualidad, el periodismo. También diría que ahí nació el respeto mutuo y una incipiente amistad que luego se fue alimentando con una mayor asiduidad en los encuentros.
Lo que más recuerdo fue su pasión por María (La esposa). Nunca dejaba de mencionarla. Siempre estaba presente. Era su desvelo.
Hablar de “Chingolo” -como lo llamaban, aunque yo, respetuosamente le decía “El viejo”-, es hablar de una persona que siempre fue amable, de buen trato, de buen humor. Claro que, como todos, tenía sus días. Atento a los requerimientos de sus amigos. Ayudo a muchos. Muchos darán fe de lo que digo.
Como toda persona conocida y reconocida tuvo sus detractores. Tal vez las habladurías y la envidia hayan sido los motivos para tal actitud. Alguna vez estas dos se conjugaron con la violencia y lo sacaron del camino que él se había trazado. Lo tomo como el hombre experimentado que era y perdonó.
No es mucho lo que se puede decir de “El viejo” sin repetirse pues, en el tiempo que lo conocí y trate siempre fue igual, lo que se define como una buena persona.
Sus condiciones profesionales son conocidas, para que abundar en eso. Sus logros, también. Lo que merece ser mencionado es la capacidad de entrega como ser humano, primero a su esposa, luego a sus nietos a quienes, para verlos, viajaba miles de kilómetros cada vez que podía.
La lealtad también era parte de su capital humano. Claro que no siempre fue bien entendido. Hubo abusos y destratos innecesarios de parte de quienes nunca serán ni la mitad de recordados. Los que entraran en la historia negra de la provincia en muy poco tiempo. Todos sabemos de quienes hablo.
La vida es un camino sinuoso, pero aun así tiene un final cierto, este al que todos alcanzaremos alguna vez, cada uno a su tiempo, pero que es ineludible. De nosotros sólo queda el recuerdo, eso también pasará con vos “viejo”, unos te recordaremos siempre, otros un tiempo, otros ya te habrán olvidado. Lo importante es que cada vez que se hable de ser pionero en los medios, de las noticias de la mañana, de abrir puertas a las nuevas generaciones, de las convicciones y la amistad, tu nombre siempre estará involucrado.
Por último “Viejo” no puedo dejar de decir que hoy será un día que nos marcará por siempre pues te marchaste y vos se fue una parte de nosotros. Que descanses en paz, apreciado amigo.
Hugo Rubén Calvó
















