Una vez más, la vicepresidente de la nación se las apañó para seguir siendo la máxima atracción de la agenda pública argentina.

Nuestro país debe ser el único en el que todo, o casi todo, pasa por esa centralidad que Cristina Fernández logra mantener desde la vicepresidencia. Tal es así que este viernes se paralizó el gobierno nacional con motivo del cierre del alegato de la defensa de la ex presidente. Lució un saco rojo punzó, quizás para llevar la contra a periodistas que vaticinaron que vestiría de blanco -color que de hecho si utilizó- como simbólico de la inocencia y la pureza.
Con el típico histrionismo de siempre, en un monólogo de poco más de una hora, intentó dotar a su alegato de una pátina de tecnicismos jurídicos -quizás también con ánimo de contrariar a quienes anticiparon una presentación más política- para argumentar que los actos políticos y administrativos no son judiciables, que los gobiernos elegidos por el pueblo no pueden cometer delitos y que de ninguna manera se los puede considerar asociaciones ilícitas, aunque se hayan cometido delitos.
Poco le faltó esgrimir que la venta de armas a Ecuador y las explosiones de Río Tercero para encubrirla, el episodio de la Banelco y las coimas en el Senado, los escándalos de Skanska e IBM, el intento de quedarse con la calcográfica Ciccone o el asesinato del fiscal Nisman, fueron actos de gobierno.
Para los analistas, esa clase de Derecho Constitucional, con flamantes códigos nacionales y una Constitución Nacional que aparentaban nunca haber sido abiertos -ni hablar de hojeados o subrayados-, no refutó ninguna de las graves acusaciones y pruebas en su contra, sino que volvió a intentar victimizarse, al apuntar contra jueces, fiscales, medios, oposición y Corte Suprema, confabulados en su contra para proscribirla por ser peronista y castigarla por ser mujer; casi un calco de los argumentos que suelen invocar tanto Milagro Sala como su defensa. De paso, metió por la ventana el fallido atentado que sufrió, y deslizó la disparatada noción de un estado de sitio que sufre desde 2015, como para reforzar la idea de la teoría de la conspiración.
Ampliación de la Corte
Quedará para futuro análisis ese pedido de investigación por prevaricato, hecho que casi unánimemente fue interpretado como otra seria amenaza contra los fiscales, que ya habían sido amenazados en la previa por el abogado Gregorio Dalbón ("no van a terminar bien") y el ministro de Justicia, Martín Soria, ("deberían estar preocupados").
Esta atípica exposición de la ex presidente ejerciendo como abogada en su propia defensa parece tener cierto correlato con la reciente media sanción del proyecto de ampliación de la Corte Suprema que logró este jueves el Senado. Para algunos analistas tiene toda la apariencia de haber sido estratégicamente planificada como para reforzar el argumento de la victimización y para presionar al Poder Judicial.

La media sanción del proyecto de convertir a la Corte Suprema en una especie de mini senado fue, a todas luces, una victoria pírrica, debido al agónico margen con que se logró la aprobación. Por poco no alcanzó el quorum y necesitó del voto de tres senadores de bloques unipersonales que alguna vez le vendieron al electorado que eran opositores al kirchnerismo -incluyendo el de una ex Juntos por el Cambio-, y se tuvo que negociar una importante reducción en el número de integrantes que proponía el proyecto original, de 25 a 15, algo que dejaría con sabor a nada a los entusiastas gobernadores que acompañaron.
Todos los indicios apuntan a que esta iniciativa no prosperará en Diputados. Además del contratiempo que implicaría llenar esas 11 vacantes cuando nunca se logró el consenso para nombrar a un Procurador General, habría que sumar la inoportunidad de hacer semejante ampliación, por el incremento presupuestario que implicaría en un país que tiene a más de la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza. Sería un verdadero escándalo si se avanza en este sentido y quedaría a la vista, una vez más, lo alejada que está la política de las necesidades y urgencias de los argentinos.
Continuando con otras subhistorias del reality político argentino, vale la pena mencionar la gira de Alberto Fernández por los Estados Unidos. Por alguna razón, el Presidente parece creer que aún tiene chances electorales para 2023, y quizás por ello intenta eclipsar a su propio ministro de Economía. Con este espíritu viajó, inútil e inoportunamente, al país del norte tras los recientes pasos de Sergio Massa, haciendo prácticamente las mismas paradas.

Es innegable que el ministro de Economía se va perfilando como presidenciable del Frente de Todos con esa rara -y hasta hace unos pocos años, improbable- alianza con el kirchnerismo que ahora milita ajustes y recortes, tragando cocodrilos. En el Instituto Patria, desde hace tiempo, saben que con el núcleo duro en remisión, y aun con un peronismo unido, no va a alcanzar la nafta.
Hoy más que nunca necesitan un milagro y ello dependerá, en buena parte, de lo bien que le pueda ir a Sergio Massa con esta suerte de "plan aguantar", en que podría resumirse la actual gestión en Hacienda. Alberto Fernández, ni lerdo ni perezoso, también sabe que si Massa tiene éxito la balanza podría inclinarse y por ello se empeña en opacarlo, reeditando las cómicas trifulcas entre un Carlos Menem y Domingo Cavallo -salvando las distancias- quienes discutían sobre la paternidad, o la maternidad, de la convertibilidad.
No fue muy exitosa la expedición. Quizás por esas incomprensibles defensas de los regímenes totalitarios que suele pronunciar el Presidente toda vez que agarra un micrófono en algún foro internacional, o por su insistencia en llamar bloqueo a los embargos, o por sus cansinas diatribas contra el capitalismo al que luego corre, sin ponerse colorado, a suplicar auxilio económico. Sea como sea, lo cierto es que Juan Domingo Biden sigue evitándolo desde hace meses. Quedará como nota de color, y para el álbum de papelones, ese extravagante atuendo carnestolendo que lució Gabriela Cerruti en la ONU.
Todo un fenómeno tan descriptivo de la Argentina actual: intrigas palaciegas por el timón del Titanic, mientras cada día más gente se cae de la clase media, los empresarios con faltantes críticos para la producción, un país que no crece desde hace más de una década, la oposición inmersa en sus propias internas sin saber cómo reaccionar ante una posible eliminación de las PASO, un gobierno paralizado por la suerte judicial de la vicepresidente, y un equipo económico que parece más preocupado por los dólares que se gastarán en el Mundial o la escasez de figuritas que ya motivó una denuncia penal por posibles violaciones a la Ley de Abastecimiento, a la Ley de Defensa de la Competencia y la Ley de Defensa del Consumidor. Que nadie se sorprenda si en los próximos días sumamos un nuevo dólar -el Dólar Figurita- al increíble abanico de cotizaciones alternas que tenemos.















