Por Dolores Castro Olivera // ¿Por qué será que, a pesar de todo el tiempo transcurrido y de que la idea de "Patria" ha perdido fuerza, el Éxodo Jujeño sigue siendo un acontecimiento que emociona a toda la comunidad?
A pesar del apagón céntrico, todo Jujuy ayer se volcó a las calles a presenciar el desfile, la lectura del bando y la quema simbólica a orillas del Río Chico.
Aparentemente hay algo en esta fecha que convoca uno de los sentimientos más loables: la participación en la realización de un destino común que nos excede, la posibilidad de transformarnos en partícipes de un hecho trascendental que pone en jaque no sólo las vidas de quienes lo presencian si no de los que seguirán.
Belgrano de a caballo, extendiendo su espada hacia el cielo, instando al pueblo a abandonar lo que no pueda llevarse, para alcanzar otra cosa que no se puede quemar, ni trajinar, ni perder a manos del invasor: un lugar en la memoria colectiva, en los libros de historia de nuestras escuelas, en la repetición de adultos a niños de las gestas que componen una a una el sentido de la palabra país.
















