El primer director argentino en dirigir una película para Netflix: La Corazonada, parte de la exitosa trilogía protagonizada por Luisana Lopilato, habla con NOTINOR.COM sobre el avance del rodaje de Pipa, la última secuela de la serie producida por esa plataforma, que se estrenará en 2022, y cómo a través del streaming busca transmitir un cine de género con una estética local, pero con mensaje universal.

Luego de Perdida (2018) y Corazonada (2020), ¿qué veremos en Pipa, la tercera parte de esta trilogía?
Pipa es el final de la trilogía, donde la protagonista, Luisana Lopilato, intenta dejar atrás su pasado de policía y busca criar a su hijo lejos de la violencia en el norte argentino. Pero la muerte dudosa de una niña coya en Jujuy la involucra, contra su voluntad, nuevamente en una investigación. Es un policial de corte más dramático que los anteriores, que pone en juego los fantasmas que persiguen a Pipa desde su niñez, que hacen eco en la relación con su hijo de nueve años. Pipa quiere alejarse del mundo y proteger a su hijo, pero escaparse no parece ser una solución. Debe enfrentarse a decisiones morales y decidir qué hacer.
Hace un mes están filmando en Jujuy y ahora siguen viaje a Salta, ¿cómo es realizar una producción de esta magnitud para una plataforma como Netflix?
Lo más complejo fue la previa de producción, lo que significó el trabajo del casting que comenzó hace un año en el noroeste con la mayoría de actores de la zona. Pero el resultado fue impecable y logramos un gran casting equilibrado y regional, con el habla y el modo de ser de nuestra gente del norte argentino. Algunas actrices como Inés Estévez adquirieron el habla propia del lugar. Salvo el personaje de Pipa, que habla como una porteña. Después, el rodaje, si bien es más simple porque todo está ensayado, también requiere un enorme esfuerzo en la logística para hacer grandes traslados y trabajar en locaciones exteriores bastante agrestes. Ya pasamos la mitad del rodaje en Jujuy, cinco semanas, y nos quedan cuatro más en Salta. Es toda una odisea, con un equipo de aproximadamente 100 personas más cientos de extras, que incluye niños.
Fuiste el primer director en posicionar una película argentina en Netflix. Alguna vez dijiste que tu idea con esta trilogía es imponer en el país el formato de cine de género, y de llevar lo local a un lenguaje universal cinematográfico a través de las plataformas de streaming. ¿Cómo logras?
Hace años me dedico al cine de género, que es un lenguaje cinematográfico universal. Pipa es una mezcla de géneros pero con un gran homenaje al western. La película está trabajada de forma local, con paisajes, actores y el uso del habla regional propio del norte de nuestro país, pero la idea no es acotarnos a los prejuicios del antiguo espectador de cine argentino y quedarnos con la idea de que el localismo y costumbrismo local son una verdad que devela nuestra alma, ese pensamiento nos aparta del mundo. La idea es llevar lo local como estética, para contar algo universal, a través del trabajo de cine de género, crear una trama que trascienda las fronteras y en la que pueda verse reflejado el público global.
Gracias a las nuevas plataformas se crearon nuevos espectadores, con menos barreras, menos límites, que pueden verse reflejados casi en un espejo cuando ven cine chino, coreano, queer, sin sentir la diferencia, como si fuese algo cercano. Creo, por principio, que el cine no le pertenece a un país. El cine es un arte universal como cualquier otro. Y hoy, a través de las plataformas, podemos tener mucha más visibilidad y apuntar a este público global. Pipa está pensada para eso, para llegar al público global como una película de género con una estética lograda en la Argentina, pero con problemáticas que pasan en todas partes del mundo.




















