El fluctuante movimiento del tipo de cambio paralelo de los últimos 90 días se debió a la emisión monetaria, el nivel de reservas del Banco Central, los anuncios oficiales y las expectativas devaluatorias, entre otros factores.

Los últimos tres meses fueron vividos por los argentinos con una intensidad pocas veces vista.Hubo tres ministros de Economía, un intento de magnicidio, cuatro viajes de distintos equipos a Estados Unidos, nuevas restricciones para el acceso al mercado oficial, segmentaciones tarifarias, aumento de cepos, rumores de devaluación y nuevos desdoblamientos cambiarios. Todo, mientras el Banco Central (BCRA) apuraba la emisión e intentaba detener la sangría de sus reservas.
Cada nuevo anuncio -de ministro o de cepo recién llegado- impactó en el bolsillo de los argentinos, y la inestabilidad vivida se vio traducida en la volatilidad del dólar blue, que llegó a un pico de $350 en julio, tuvo caídas de hasta el 23% en agosto y, finalmente, encontró su calma en oscilaciones entre 285 y 290 pesos.

Si bien pareciera ser que todo comenzó con la salida de Martín Guzmán del Gabinete, lo cierto es que en la semana previa a su renuncia, el blue ya había aumentado $10, cuando pasó de $228 a $238. A la emisión se le sumó que unos días antes de la salida de Guzmán, el Gobierno había endurecido el cepo y, con el objetivo de restringir la salida de dólares, se implementó la postergación por 180 días del acceso a los importadores al mercado oficial de cambios.
La imprevista renuncia de Martín Guzmán, el sábado 2 de julio pasado, llevó a una desestabilización cambiaria mayor, que hizo que ese fin de semana el dólar blue subiera 9%. El viernes previo a la salida del funcionario, la moneda paralela había cerrado la ronda a $238 y, el lunes siguiente, terminó a $260.

Tras un fin de semana en el que circularon un sinfín de nombres, finalmente la elegida para ocupar la cartera fue Silvina Batakis, quien a los pocos días de asumir —bajo la frase: “El derecho a viajar colisiona con la generación de puestos de trabajo”— anunció el aumento del dólar tarjeta. Como si se tratara de un partido de ajedrez, la respuesta no tardó en llegar. A partir de ahí, la moneda paralela siguió un camino ascendente vertiginoso. “Cada vez que se sube un impuesto a los dólares oficiales, se le pone un piso a los dólares libres, porque el piso lo establece el propio Estado con los impuestos”, expone Buteler.
La ahora exministra encaró su gestión con medidas que indicaban algo parecido a la austeridad y comenzó a avanzar con la segmentación de tarifas. Pero, a pesar de los intentos gubernamentales y la culpa que el presidente Alberto Fernández les echó a los turistas que “compran dólares para viajar y hacen subir el dólar blue”, la presión sobre el blue no cedió. El 20 de julio se sumó un nuevo tipo de cambio a los seis que ya existían, el dólar para turistas extranjeros, y al día siguiente se anunció un nuevo cepo para las importaciones “estratégicas”. La moneda paralela no dio respiro, y la brecha entre el oficial y el blue saltó a 148%.“Cuando empezás con una dinámica como esa corrida cambiaria, no es fácil detenerla. Los precios llegan a cualquier valor, por eso se llegó a un dólar blue de $350″, afirma Buteler.
El récord histórico: $350
El 22 de julio no fue un día más para las ruedas cambiarias. Ese día, la moneda estadounidense paralela, que venía de varios días de superar sus propios récords,alcanzó su máximo histórico: $350. En tan solo 26 días, la divisa del mercado informal había llegado a aumentar 54%.

El 28 de julio, luego de asegurar que tenía el apoyo completo de Cristina Kirchner y tras una semana en Estados Unidos, Batakis renunció y Massa desembarcó en Economía. Luego de idas y vueltas, finalmente Gabriel Rubinstein,quien protagonizó un audio en el que desmentía una devaluación, fue confirmado como vice. “Rubinstein puso ruido y capaz detuvo a la baja, pero no impulsó nuevamente el precio”, recuerda Buteler.
El nuevo equipo económico liderado por el expresidente de la Cámara de Diputados logró que la moneda del mercado informal descendiera alrededor de $20. De acuerdo con Camilo Tiscornia,director de C&T Asesores Económicos, parte de la caída del blue se debe a las postergaciones de los vencimientos de deuda que llevó adelante el exintendente de Tigre: “La perspectiva del resultado fiscal influye; y los dólares alternativos bajaron a 300, porque empieza el canje de deuda. Por los vencimientos de deuda de agosto, septiembre y octubre, Massa ofreció bonos que vencen en un año y que pagan el más alto entre inflación y devaluación”. Por otro lado, los especialistas señalan que el aumento de las tasas de interés jugó un rol clave para la desescalada del blue.
Pese a los intentos oficiales, en agosto, luego de haber mantenido durante todo el mes la oferta de dólar soja, el Central cerró con una pérdida de US$518 millones de su mínima tenencia neta. Con la mira puesta en intentar detener la sangría, inmediatamente, cuando se terminó el plazo del dólar soja, el Gobierno comenzó a repensar un nuevo tipo de cambio diferencial para el agro. Tras el primer intento de incentivar a los productores a liquidar sus granos, el 4 de septiembre, Massa anunció un nuevo dólar soja a $200. El cierre previo, el dólar paralelo había cerrado a $285, en tanto que el lunes siguiente, tras el anuncio del dólar soja, la divisa tuvo una caída del 5% diaria (de un 23% si se considera el pico histórico) y terminó la ronda a $270, su valor más bajo en casi un mes.
El dólar soja y el efecto “rebote”
La medida anunciada por Massa, que traía un respiro al mercado cambiario, coincidió con el fin de semana tras el intento de magnicidio a Cristina Kirchner, el 1° de septiembre. Respecto del impacto del atentado, Tiscornia asevera: “Aporta confusión, pero no lo veo como determinante principal. Ante la incertidumbre política, el Gobierno reaccionó de forma racional con los anuncios de Massa. No hicieron nada loco, fueron por el ajuste fiscal y hablaron con entidades internacionales”. De hecho, los desembolsos y promesas de llegada de dólares —del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)— dieron, un pequeño alivio”.
A pesar de que el plan soja de Massa ayudó a engrosar las reservas, desde que se implementó el nuevo dólar soja hasta el viernes pasado, la divisa paralela aumentó 18 pesos, es decir un 7%.

“Estructuralmente, las buenas noticias que trajo Massa siguen estando: fiscalmente hubo mayor orden, subieron las tasas de interés y el Central pudo comprar reservas. Tres cosas que no tenía Guzmán. A pesar de eso, en septiembre, dólar rebotó, pero levemente”, detalla Fernando Marull,economista de FMyA, quien describe que parte del movimiento se debe al contexto internacional, que “empeoró bastante”. “El dólar subió en el mundo y las monedas se devaluaron. Pasó tanto en Chile como en Brasil, y el peso también se devaluó”, remarca y añade: “Además, en lo local, el mercado se asustó un poco con la emisión de pesos que hubo y, los pesos los tiene un sector que normalmente es demandante de dólares. Ese combo permite explicar el rebote del dólar”.
Asimismo, Marull valora: “Vemos que el plan soja es bueno para el dólar paralelo, porque el efecto de compra de reservas es mayor que la emisión de pesos. Las reservas subieron 4000 millones de dólares en tres semanas, que es una fortuna”.














