En Argentina, el Congreso de Tucumán integrado por 29 representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declaró la independencia. Un proceso emancipador que se había iniciado en mayo de 1810. También en julio del mismo año, ocurrió la organización final del plan de guerra de José de San Martín, para lograr la emancipación de España y ampliar su revolución libertadora más allá de las Provincias Unidas, que consistía en buscar la libertad de Argentina, Chile y Perú.

En este contexto, las Provincias Unidas se juntaron en Tucumán para limar asperezas entre Buenos Aires y el interior y así lograr un acuerdo que permitiera la emancipación absoluta. De esta manera, se afirmó la voluntad de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” y “de toda otra dominación extranjera”.
“Se conmemora el Día de la Independencia porque el Congreso que empieza a sesionar el 24 de marzo de 1816, dispone ese día para declararla: el 8 de julio en sesión secreta, establece que al día siguiente iba a celebrarse”, explicó el historiador, José María Losada. Y agregó: “Había varias tendencias, el influjo de San Martín, Belgrano y Güemes eran los que más se predisponían a dicha declaración”.
Se trata de un acontecimiento clave de la historia política de nuestro país, sobre la cual se construyeron los cimientos de nuestra República Argentina.
La importancia de ser independientes:
“El 25 de mayo se comienza un camino que se complementa al 9 de julio, siendo la segunda fecha un tanto más porteña. En cambio, lo acontecido en 1816 tiene un cariz de una mayor carga de las provincias. Buenos Aires es la que lleva adelante la Revolución de Mayo, mientras que el Congreso de Tucumán, por la participación de mayor cantidad de provincias, es marcadamente más federal, con participación de los pueblos del interior”, desarrolló Losada.
El historiador, también afirmó que “ser independiente significa, poder de alguna manera, terminar con lo que es la empresa independentista, con una Nación declarada independiente como tal”.
Luego de la declaración, las personas festejaron por 3 días. Hubo bailes, danzas, corridas de toros, comedias, iluminaciones de la ciudad, todo tipo de festejos para celebrar.
La gente en aquella época:
José María Losada, relató que solían haber “casonas muy amplias con patios en un radio que no superaba las 20 manzanas del radio central, que es lo que conocemos hoy como la Plaza de Mayo, pero después tenemos otras plazas como la de Monserrat, Retiro, todas muy cercanas a iglesias”.
Y continuó: “Las familias eran más numerosas que en la actualidad, con un promedio de 2 a 3 hijos. Las clases altas tenían más hijos que en la actualidad y la esperanza de vida era mucho más baja. Las mujeres contraían matrimonio entre los 16/20 años, los varones tenían mayor edad que las mujeres. El lugar de encuentro eran las pulperías”.
Se comía mucho puchero y según se dice, los vinos eran de mala calidad porque los mejores venían de Europa, pero por supuesto eran caros. También se tomaba agua ardiente. Por otro lado, lo que nosotros muchas veces pensamos como comidas coloniales, comienzan a llegar en esa época del norte del país, las empanadas, las mazamorras, o también el mate como compañero de la vida cotidiana.
“Las mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de parte de la historia hasta entrado el siglo XX, la vida pública era ‘cosa de hombre’. Hay casos excepcionales quizás de la alta sociedad como María Sánchez de Thompson”, dijo Losada.
Por otro lado, el historiador contó que “también Juana Azurduy cumplió un rol relevante en la lucha de la independencia. Fue reconocida mucho tiempo después, quizás si hubiera sido hombre se la reconocía tiempo antes. Representa la lucha de la población indígena, mestiza, criolla que en el Alto Perú venía soportando explotación. El propio Belgrano le regaló su sable”.
En modo de síntesis, la declaración de la independencia, junto con la Revolución de Mayo, son los hitos fundantes de nuestra patria.















