El miércoles 20 de mayo el sistema Lightsail de propulsión espacial a vela ideado por el célebre astrofísico Carl Sagan tendrá hará su debut en órbita. Será una misión corta pero crucial, porque servirá para comprobar que todos los sistemas funcionan de cara a la prueba de fuego definitiva, prevusta para 2016.
Lightsail es el resultado de años de trabajo en The Planetary Society, una fundación privada creada por el propio Sagan. El popular astrofísico y divulgador mostró al mundo en 1976 el concepto que mañana se hará realidad. Se trata de una nave propulsada únicamente por el viento solar.
Tres Cubesats y cuatro velas
No es la primera vez que se realiza un test en órbita de sistemas de propulsión basados en este sistema. Japón y Estados Unidos ya lo han hecho antes con resultados desiguales. La idea, sin embargo, tiene una base teórica sólida. El sol emite partículas y energía, lo que se conoce como viento solar. El movimiento de estas partículas al rebotar sobre la vela debería ser suficiente como para impulsar una nave.
La nave que protagonizará el experimento de mañana es muy pequeña. Está compuesta de tres satélites Cubesat de 10 x 10 centímetros especialmente modificados para la ocasión. Plegada, la nave mide 10 centímetros de lado en la base y 30 centímetros de largo. Su secreto está en el interior. Una vez se abran los paneles solares que dan energía a los sistemas electrónicos, Lightsail comenzará a desplegar lentamente cuatro grandes velas triangulares que forman una cuadrada de 32 metros cuadrados.
La vela solo tiene 4,5 micras de grosor (una cuarta parte del grosor de una bolsa de basura estandar según The Planetary Society) pero está compuesta de un material llamado tereftalato de polietileno (Mylar por su nombre comercial en Estados Unidos) que le otorga una buena resistencia y durabilidad.
Lightsail viajará hasta su órbita a bordo de un cohete Atlas V de la United Launch Alliance (el consorcio aeroespacial formado por Lockheed Martin y Boeing). Se da la circunstancia de que Lightsail comparte lanzamiento con el cada vez menos secreto dron X-37B de la fuerza aérea estadounidense, un vehículo espacial de reconocimiento preparado para largas estancias en órbita















