24.01.2015 || El escándalo por la muerte del Fiscal Nisman, generó en el país una visagra en cuanto a los valores que la sociedad reclama al poder político. En ese nuevo marco de referencia que el ciudadano ha establecido, Eduardo Fellner queda rezagado.
En principio su accionar oscuro, sin rendiciones de cuentas a derecho, bajo un manto de impunidad casi naturalizado en Jujuy, en cuanto a un permanente incumplimiento de los deberes de funcionario público y el sometimiento a ultraje de las disposiciones constitucionales nacionales, provinciales y las injerencias autoritarias sobre la institucionalidad del municipio de la capital al cual desconoce, hacen del gobernador un ogro del sistema democrático.
En los últimos meses el FPV intentó reinventarse desde asombrosos argumentos republicanos, que jamás practicaron puertas adentro, pero que ahora intentan incorporar para persuadir a los electores.
La pretendida reforma constitucional para poner límites a los mandatos, el reconocimiento de la necesidad de brindar más autonomía a la justica, la adhesión a las PASO y otras reformas menores, más orientadas a conformar fórmulas políticas para como la figura del vice intendente, sin que hayan alcanzado ese objetivo, revela un FPV agotado, desordenado, que exhibe sus errores sin dar señales de superación, ya que el propio PJ carece de elecciones internas, con lo cual la virtud del ejemplo, es una utopía, cayendo en incongruencias que deprimen el proyecto político de Eduardo Fellner.
El manoseo permanente de la ley electoral, acomodando reglas para favorecer los intereses del poder, dejando de lado por ejemplo a más de 100.000 jujeños que suele optar por otros partidos sin alcanzar representación parlamentaria, señala un desprecio a la pluralidad.
El sometimiento de los intendentes es moneda corriente en Jujuy, todos obedecen bajo amenazas de sanciones administrativas que consisten en faltantes en materia de recursos. Este paradigma que debió ser superado por una ley de coparticipación, que el propio Fellner prometió, no ocurrirá jamás bajo el signo del FPV, que no posee otra manera de imponer su visión que desde el autoritarismo.
La sociedad jujeña, según los indicadores de opinión, esta cansada del FPV, a tal punto que pese a los esfuerzos que realiza el gobierno, según su parecer; acumula un 72% de rechazo en materia de gestión, la cual es desaprobada rotundamente.
Sin embargo, no solo el oficialismo esta llamado a realizar un mea culpa, una autocrítica más auténtica; la oposición también debe brindar gestos para ser receptora de la confianza de los electores jujeños, en materia de acordar puntos comunes, por ejemplo, un pacto para cumplir las leyes, un paso tan obvio y obligatorio, que sin embargo en Jujuy no ocurre.
Además deberán acordarse otros puntos para que el gobierno que viene haga realidad. Este paso solo es posible desde una sana apertura de los partidos políticos actuales que deben mirar a la sociedad, evitando patologías como atender intereses sectarios, lo que nos haría repetir errores.















