Las consecuencias de una política de avasallamiento de las jurisdicciones, a falta de diálogo político entre el gobierno de la provincia de Jujuy y la municipalidad de la capital, y de la improvisación apresurada se hacen evidentes en cuanto comienza la época de lluvia en la provincia. Y Alto comedero se transforma en la Venecia tercermundista jujeña.
El Gobierno de provincia avanza con la política clientelista en la Capital, sin respetar la jurisdicción de la Municipalidad en el diagramamiento del ejido urbano, creando barrios de viviendas en lugares inadecuados, y parcelando tierras fiscales entregadas a personas carenciadas en el marco del plan "“Un lote para cada familia jujeña que lo necesite”.
El apresuramiento en ganar votos y voluntades no entiende de razones de planeamiento urbano e infraestructura, y se entregan los lotes indiscriminadamente sin la más mínima previsibilidad en las obras de infraestructura vitales que debe tener un barrio.
De esta manera se pretende dar solución a la crísis habitacional de nuestra capital entregando lotes en predios inadecuados para la construcción, sin los servicios mínimos como agua y cloacas, ni las planificaciones urbanas básicas. Y la postal que ofrecen los asentamientos en las márgenes de ríos y cuencas en Alto Comedero presentan año a año un paisaje dantesco que haría llorar hasta a las piedras.
Los vecinos ya se han resignado a sobrevivir las épocas de lluvias empleando tácticas de supervivencia de las aldeas lacustres, mientras esperan el cumplimiento de los compromisos asumidos por el Gobierno de brindarles todas las condiciones para mejorar la calidad de vida, consistentes políticas públicas que nunca llegan a destino. Sin embargo lo único que pueden hacer es esperar a que el gobierno se digne a entregarles la documentación de los terrenos otorgados para poder gestionar las obras de infraestructura ante la municipalidad, obras que debieron estar previamente hechas para que las tierras sean aptas para urbanización. Al menos es lo que sucedería en una provincia normal en la que los gobernantes estén más preocupados por la gente y la gestión que en las elecciones.
Después de las tormentas de anoche, vastas áreas de la Nueva ciudad de Alto Comedero quedaron anegadas, como ocurre año tras año, brindando al espectador un paisaje veneciano tercermundista, con vecinos trasladanse en improvisadas balsas para hacer sus quehaceres diarios, o embarrándose hasta las rodillas, para salir a la puerta de casa o dirigirse a las lejanas paradas de colectivo para ir a sus trabajos.
Son tán pésimas las condiciones en las que miles de jujeños se ven obligados a vivir, que la ayuda de los bomberos o de defensa civil tiene que esperar a que baje la marea para poder asistir a estos vecinos que viven la misma tragedia año a año, en medio del peligro que representan las conexiones eléctricas clandestinas, y los lodazales que se convierten en verdaderas trampas mortales tanto para grandes como para chicos.
Se hace urgente que empiece a haber un serio diálogo entre las autoridades provinciales y municipales para que la solución de la emergencia habitacional sea una realidad y no un problema mayor al que inicialmente se trató de mitigar. El acuerdo político logrado entre el oficialismo y la oposición para que "un plan para cada familia jujeña que lo necesita" no sea otro instrumento del clientelismo que lejos de aportar una solución significa, como hoy, un enorme problema cada año.















