El juicio político contra Rousseff y la derrota del chavismo en las legislativas podrían terminar con lo que fueron dos tentativas de inaugurar una nueva era en las relaciones exteriores de la región
"En Latinoamérica, la crisis económica, la corrupción y ahora las turbulencias políticas han puesto fin a las aventuras de política exterior de dos naciones que parecían destinadas a liderar una nueva era: Brasil y Venezuela", señala en su inicio el artículo de Foreign Policy (FP) que describe la actualidad de los países que presiden Dilma Rousseff y Nicolás Maduro.
La primera está bajo la seria amenaza de un juicio político que podría interrumpir su segundo mandato, mientras que el segundo acaba de perder la mayoría parlamentaria en la peor derrota que el PSUV haya sufrido desde que Hugo Chávez se convirtió en su líder.
FP sostiene que la economía de ambos países está "en picada", tras las grandes ilusiones que se habían hecho una década atrás. Entonces, ambos países parecían cuestionar siglos de dominación estadounidense, con sus líderes Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula da Silva a la cabeza de dichos procesos.
Chávez y su revolución bolivariana –continúa FP– consiguieron sus aliados exteriores gracias a sus suculentas reservas de petróleo y sellaron lazos con regímenes criminales tales como el de Mahmoud Ahmadinejad, en Irán. Por el contrario, la política exterior brasileña fue más pragmática y estuvo centrada en reformar el orden global existente. Además, Brasil trabajó para mantener la política estadounidense a raya en el hemisferio sur y, a nivel global, apostó a la democratización de las instituciones multilaterales, como las Naciones Unidas (ONU) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), apunta FP.
Según el artículo, esos descomunales sueños fueron alimentados por líderes también descomunales, como Lula y Chávez, pero no solamente. También, y sobre todo, fueron posibles gracias a un boom económico que no podía durar para siempre. En efecto, durante los últimos años, los sucesores Dilma Rousseff y Nicolás Maduro debieron recortar sus ambiciones y acomodarlas a un nuevo ciclo marcado por el colapso del precio de los commodities.
"Mientras Rousseff ha luchado para recuperarse de una caída de la demanda China de hierro y los productos agrícolas de origen brasileño, Maduro no ha sabido responder al desplome de los precios del petróleo", explica FP.
La Venezuela de Chávez
Foreing Policy recorre la historia reciente de Venezuela en materia de política exterior y marca los que considera sus hitos. Uno de ellos es la intención de Chávez de revivir la idea de Bolívar de una gran alianza de los países andinos. Cuando lo hizo, la bautizó como ALBA e inmediatamente anunció que en ella se establecería una moneda común, se coordinarían las fuerzas policiales y se inauguraría un banco común, el Banco del Sur, organismo con el que se buscaría esquivar las imposiciones de los organismos de crédito internacionales.
Con los precios internacionales de petróleo arriba de los USD 100 el barril, Chávez rápidamente se transformó en "el campeón de la extrema izquierda antiglobalización y en la 'bestia negra' de la derecha estadounidense", apunta FP.
"Estrellas de Hollywood como Oliver Stone, Michael Moore y Sean Penn abrazaron su populismo petroclientelar, con el que el gobierno estableció bancos de alimentos subsidiados y generó empleos estatales como una alternativa económica y política viable ante Estados Unidos y la ortodoxia del consenso de Washington desde 1990", detalla.
Detrás de ese izquierdismo, denuncia FP, el chavismo hizo silencio ante temas progresistas como el medio ambiente y los derechos LGBT y el daño económico e institucional muy concreto que estaba haciendo a su país mientras lo volvía más y más dependiente de las exportaciones del petróleo.
Según la web especializada, el proyecto bolivariano se ha caracterizado más por la incompetencia, la corrupción y la criminalidad que por la coherencia ideológica: "Hoy en día, la economía venezolana es la de peor desempeño en el mundo, con un PIB que se espera que se contraiga en torno al 10 por ciento. Los ciudadanos sufren una escasez masiva de bienes básicos como la harina de maíz y el papel higiénico, mientras las tasas de inflación podrían llegar a 200%. Como si fuera poco, padecen la segunda tasa más alta de homicidios en el mundo", detalla.
Por su parte, los amigos regionales de Venezuela, que en otro tiempo dependían en gran medida de sus vastas reservas de petróleo, están comenzando a cambiar de rumbo. Evo Morales rechazó la generocidad petrolera de Venezuela en 2014, mientras los 17 miembros de Petrocaribe, el bloque de naciones que reciben crudo subsidiado, han comenzado a buscar alternativas, como las fuentes renovables de energía o inversiones para extraer gas natural. Incluso Cuba, destaca FP, que recibe algo así como 100.000 barriles de petróleo venezolano por día, está buscando actualmente nuevos socios petroleros.
"Para Venezuela, la victoria opositora en las legislativas representa un rechazo no sólo a los fracasos económicos severos del gobierno, sino también a sus sueños transnacionales. Al presidente Maduro le resultará cada vez más difícil defender los programas de subsidio de petróleo para otros países cuando las tiendas no pueden ni siquiera mantener los bienes básicos en sus góndolas. Pero la oposición aún enfrenta desafíos: su mayoría calificada en la Asamblea Nacional le da poco poder directo sobre los asuntos exteriores, y la política petrolera del gobierno sigue siendo garantia del apoyo internacional en la Organización de los Estados Americanos y en las Naciones Unidas", concluye el artículo.
El Brasil de Lula da Silva
Foreign Policy contrasta esa política exterior con la del vecino del sur y explica que "la última década de Brasil, por el contrario, fue más pragmática, centrada y reflejó un deseo de larga data del país sudamericano de ganarse el respeto y un asiento en la mesa de las potencias mundiales".
Además, aclara que cuando el Partido de los Trabajadores (PT) llegó al poder en 2002 Lula, a diferencia de Chávez, se apresuró a asegurar a los mercados financieros que él no era un radical, pese a su reputación como ex líder sindical. Sin embargo, mientras que sus métodos y retórica eran menos ruidosos que los de su vecino, la política exterior de Lula también trató de desviar el poder global del norte desarrollado. "A partir de 2003, Brasil se posicionó como el intermediario de las ambiciones económicas y diplomáticas del hemisferio sur".
La nueva actitud de Brasil fue especialmente clara en la arena del comercio internacional, destaca FP. Allí, Brasil exigió su derecho a mantener una política nacional de desarrollo que le daría mayor poder para seleccionar sectores económicos con los que pudiera desarrollar la base manufacturera del país y refugiarse en ellos".
Su posición inflexible, sumada al apoyo de otros gobiernos, hizo que finalmente se escabullera con eficacia del ALCA, para gran disgusto de Washington. "El mensaje era claro: Brasil se convertiría en el campeón de las demandas económicas del sur en el escenario global", sentencia FP.
Sin embargo, continúa el artículo, Brasil nunca pudo traducir el liderazgo en materia de política comercial a la influencia diplomática. Durante el período en el que Brasil ocupó un lugar como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, por ejemplo, el país se abstuvo en votaciones claves vinculadas a Siria y Libia. Sobre eso, un embajador citado en el artículo dijo: "Las potencias mundiales no se abtienen. Deben tener el coraje de votar por sí o por no".
Actualmente, Brasil está consumido por sus propios problemas domésticos. Después de que su economía creciera a una tasa promedio anual del 4,6% entre 2005 y 2008 y a un 3,9% en 2011 a raíz de la recesión global, se espera una contracción de cerca del 3% este año, el mayor declive económico del país desde la Gran Depresión.
A eso se suma, según FP, la revelación de un masivo escándalo de corrupción en torno a la petrolera Petrobras que involucró miembros del partido del PT y de la oposición socialdemócrata. Más importante aún es que "el escándalo ha manchado a muchos de los íconos del sector privado de Brasil, desde Petrobras hasta una serie de empresas de infraestructura que estuvieron implicadas en el pago de sobornos para obtener acceso a más de USD 23 mil millones en contratos".
Aunque no es señalado por el fanatismo ideológico y la incompetencia de la vecina Venezuela, los sueños de Brasil de liderar una coalición para redefinir el orden global se han reducido abruptamente, al menos por ahora. Su caída se debe, en parte, a no comprender correctamente el que había sido el punto de partida, según FP, "el auge económico en medio de un período de declive de la influencia moral y económica de los Estados Unidos". "Se subestimaron las fortalezas de los Estados Unidos así como la fragilidad de la economía brasileña", sentencia el citado artículo.
"Es una pena. Muchas de las cuestiones en las que Brasil avanzó –la democratización de las organizaciones multilaterales y una mayor visibilidad de las demandas comerciales del sur global, incluida la reducción de los subsidios agrícolas en el norte– eran legítimas", opina el autor. La cuestión es si, dada su inestabilidad política y económica, Brasil puede recuperar su posición global y la credibilidad para abogar efectivamente por esas cuestiones sin antagonizar con Washington.
"Para Brasil, el golpe de la caída de apoyo al gobierno, una economía que decrece, un escándalo de corrupción en expansión y el convulsionado panorama político sólo seguirán debilitando a Rousseff y al PT, lo que les impedirá hacer frente a los desafíos políticos y económicos fundamentales que enfrenta el país. Está en riesgo entonces el legado a largo plazo del PT, no sólo en relación a la promoción de una agenda de izquierda moderada en el hemisferio, sino también en cuento al intento de crear una voz y agenda propia para el sur global. Es probable que pronto descubra que necesita a los Estados Unidos mucho más de lo que siempre pensó", concluye Foreing Policy.















