Se cumplen 28 años de la tragedia que se cobró 85 vidas y más de 300 heridos. Adriana Reisfeld, presidenta de la asociación civil Memoria Activa y hermana de Noemí, dialogó con Notinor Jujuy y afirmó que actualmente “la investigación está dormida”.

El lunes 18 de julio de 1994 a las 9.53, un coche bomba atacó el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Cuando explotó la bomba, Adriana Reisfeld estaba en su clase de inglés que continuaría con una jornada en la que arrancaban las vacaciones de invierno escolares. Mantenía toda una rutina armada que cambió totalmente luego de recibir un llamado que cambió su vida: “Me llamó una tía y me dijo 'volaron la AMIA, en donde estaba Noemí'”.
Noemí Graciela Reisfeld, trabajaba en la AMIA, era asistente social. Pero tal como expresó Adriana, “ese lunes ella no tenía que estar presente en el edificio, ya que normalmente trabajaba asistiendo a gente de la tercera edad, entonces los acompañaba a hacer trámites o los asistía en sus casas”.
Solo iba uno o dos veces por semana, los miércoles en general. Ese lunes, una compañera le pidió cambiar el día: “Tuvimos la doble angustia, no sabíamos si Noemí había ido a trabajar, porque no era época de celulares. Hasta que una compañera de ella nos mandó a avisar que Noemí estaba en el edificio con ella, que la busquemos por la misma zona en la que a ella la habían rescatado”, recordó la presidenta de Memoria Activa.
Y afirmó: “Recién después del mediodía supimos que Noemí estaba en el edificio y de ahí en más, hasta el sábado a la tarde no apareció su cuerpo”.
MD: ¿Cómo te encuentra este 18 de julio?
AR: Para mí, todos los 18 de julio tienen un mismo color, muy gris. Me encuentra siempre triste, muy desesperanzada por aún no tener justicia. Después de 28 años, nosotros como familiares seguimos esperando saber qué pasó con el atentado a la AMIA. Por qué no podemos tener presos, es una de las vergüenzas nacionales. En cualquier país del mundo, cuando hubo un atentado, inmediatamente se apresaba a los autores y eran enjuiciados. Acá no.
MD: ¿Cómo describirías al activismo en la búsqueda de la justicia? ¿Cómo funciona Memoria Activa?
AR: El activismo es algo que hoy ya forma parte de mi vida. Creo que no podría vivir sin tener una actividad que tenga que ver, sobre todo con ayudar, con la búsqueda de justicia. Para mí, Memoria Activa fue una gran compañía, formada por varios familiares y sobre todo por los voluntarios. Nosotros decimos que es increíble, después de 28 años seguimos siendo los mismos, salvo algunos que han fallecido.
Seguimos activando la memoria y lamentablemente lo que no tuvimos son respuestas. También, continuamos en tribunales, tanto en los nacionales como internacionales, reclamando a la Comisión Interamericana por la falta de justicia. No hubo avances, es una causa realmente empantanada.
Memoria Activa es una asociación civil sin fines de lucro, en la que trabajamos todos horizontalmente, resolvemos y opinamos sobre cualquier resolución que se tuvo que tomar tanto en los tribunales, como de repente armar el acto cada 18 de julio todos los años. Durante 10 años, todos los lunes en Plaza Lavalle se activó a las 9:53, nos encontrábamos para contar el estado de la causa y qué otra novedad podía haber, con oradores. Luego decidimos que estábamos muy agotados para continuar y pusimos toda nuestra energía en los tribunales.

MD: ¿Cómo impactó en tu familia la tragedia?
AR: Impactó de una manera terrible. Mi hermana tenía 36 años, estaba separada y tenía 2 nenas de 12 y 9 años. A partir del atentado, las nenas quedaron viviendo con su papá pero mi mamá y yo nos hicimos cargo de todo lo que ellas necesitaban, ya sea buscarlas, llevarlas, acuerdos con la escuela para que puedan continuar en la misma.
Nuestra familia cambió para siempre después del atentado. Tanto nuestros roles como el agujero que quedó, el lugar que ocupaba mi hermana. Ella tenía una presencia muy importante. Una persona alegre que estaba en contacto con nosotros a pesar de tener tantas actividades, porque trabajaba en la AMIA, seguía estudiando, había armado un grupo de la tercera edad de recreación, era muy activa. Y el trabajo que tenía sola con dos nenas.
MD: ¿Sentís haber logrado justicia en algún momento? ¿En qué estado se encuentra la investigación hoy?
AR: No siento que hayamos ganado justicia en estos 28 años. Hubo dos juicios, el primer juicio quedó nulo porque se había acusado a un grupo de policías que finalmente no tenían nada que ver con la AMIA. Hubo otro juicio a otras personas por encubrimiento, terminó hace unos años y seguimos esperando que el Consejo de la Magistratura revea la acusación. Nosotros como familiares pedimos una cantidad de años de condena y las autoridades no se animan a ponerse los pantalones largos y tomar la decisión de agregar años a lo que los jueces habían decidido y hacer una condena firme. No tuvimos justicia para nada.
La investigación en este momento se encuentra en una fase dormida. No avanza para nada hace años. Sentimos que el fiscal Basso, a cargo de la Unidad AMIA no hace nada. No tenemos ningún avance en todo este tiempo. Ni siquiera se ha reunido con nosotros para contarnos cómo iba lo poco que trabajó, salvo hace poco que tuvimos una audiencia con el juez Rafecas e instó a que se pongan a trabajar y tengamos algo de información. La investigación no tiene avances ni perspectivas de que sepamos algo nuevo en la causa. Es lamentable, triste y es la realidad que nosotros vemos.
MD: Si tuvieras que definir las siglas AMIA en palabras sueltas ¿Cuáles serían?
AF: Amnesia, mentira, injusticia y AMIA.

LA AMIA
Fue fundada en 1894. En sus comienzos, sus esfuerzos se concentraron en la creación de un cementerio para poder cumplir así con las leyes y costumbres milenarias que rigen la historia y las tradiciones de la comunidad, vinculadas con el momento del fallecimiento de un ser querido.
Con la llegada de los sucesivos contingentes migratorios, las actividades de la AMIA crecieron y se diversificaron. A partir de 1920, con el aumento de la población judía del país y su progresiva integración a la sociedad, la institución se convirtió en el espacio de articulación y participación de los judíos de la Argentina. La fuerza de su desarrollo quedó reflejada cuando abrió sus puertas, en 1945, su histórica casa de Pasteur 633.
La inauguración del nuevo edificio, emplazado en el mismo lugar que el anterior, se realizó el 26 de mayo de 1999, cinco años después del atentado. Bajo el lema “Por la justicia y por la vida”, la institución reabrió oficialmente sus puertas a las 9.53, el mismo horario en que explotó la bomba.















