La categoría fue la que experimentó los mayores aumentos en febrero, por encima del incremento general de precios. El poder de compra de estos productos cayó a la mitad en el último año.

Mientras el Gobierno ensaya una batería de medidas para contener la suba de precios, los aumentos de los alimentos y las bebidas sin alcohol no ceden y ponen más presión a la inflación.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC), que mide el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), subió un 4,7% en febrero y acumuló un alza del 52,3% en los últimos 12 meses, cifras superiores a los pronósticos oficiales y las proyecciones de las consultoras privadas.
En este contexto, los alimentos y las bebidas no alcohólicas crecieron muy por encima del promedio de febrero, con un incremento del 7,5% mensual.
Ni los fideicomisos con subsidios cruzados, ni los congelamientos ni los acuerdos con la industria bastaron para frenar la inercia. La categoría protagonizó el principal aumento del mes a nivel nacional y fue la de mayor incidencia en todas las regiones del país, aportando más de dos puntos porcentuales al nivel general.
Se trata del mayor incremento mensual registrado en el rubro en los últimos cinco años, desde que el organismo de estadísticas oficial retomó las mediciones a fines de 2016. Pero si se compara el dato con los números del Gran Buenos Aires, solo es superado por abril de 2002, tras la salida de la convertibilidad, que marcó un 13,2%, y más atrás en el tiempo, por el salto de febrero de 1991, que significó un 24,7%.
En este contexto, el Gobierno responsabilizó a la guerra entre Rusia y Ucrania por la fuerte inflación de los alimentos en febrero, pero lo cierto es que la mayoría de los incrementos se dieron en aquellos que están más ajenos a la demanda internacional, aunque inciden los efectos locales de la sequía y los incendios.
Los productos que más subieron
Frutas, verduras y huevos lideraron los aumentos del mes pasado, siendo los más fuertes los de los ingredientes de “la ensalada mixta”: la lechuga se disparó un 72,7%, el tomate un 40,8%, la cebolla un 30,8% y la papa un 16,3%, según informó el INDEC.
En lo que respecta a frutas, el mayor ajuste se observó en la naranja, que trepó un 19,8%, mientras que la manzana aumentó un 10,9% y la banana un 7%. En tanto, el limón tuvo un alza del 27%.
Asimismo, la docena de huevos de gallina escaló un 22,5%, una tendencia que se sostiene desde el arranque del año, con un porcentaje de suba similar al de enero.
El pan francés tipo flauta subió un 7,6%, lo que motivo al Gobierno a crear un fideicomiso para intentar frenar los precios de la harina. En ese sentido, los fideos subieron un 4,5%. En lácteos, los aumentos fueron dispares.
La leche fresca en sachet aumentó un 4,6% y la leche en polvo un 15,9%. La manteca se ajustó un 5,4% y los quesos sufrieron oscilaciones entre el 4,8% y el 6,6%, según la variedad. Además, la yerba subió un 6,2% y el café un 5%.
Impacto en el bolsillo
El aumento de los precios de estos bienes que conforman la canasta básica impacta de lleno en el bolsillo de la población, que destina una importante porción de sus ingresos al consumo de productos esenciales.
Un relevamiento que realizó el Instituto de Estudios de Consumo Masivo (INDECOM) reveló que el poder adquisitivo sobre los alimentos, es decir, la capacidad de compra, cayó a la mitad en el último año, como consecuencia de la diferencia entre la suba de precios sostenida y el incremento otorgado en el Salario Mínimo Vital y Móvil durante el mismo período.
El estudio tomó en cuenta el costo promedio de un total de 10 alimentos con presencia recurrente en la mesa de los argentinos, en base a los precios de 131 sucursales de las principales cadenas de supermercados, ubicadas en distintos puntos del país.
Así, por ejemplo, un paquete de fideos secos en forma de tirabuzón de 500 gramos pasó de $ 58 a $ 96 en un año, mientras que la harina de trigo integral de un kilo trepó de $ 80 a $ 115. En tanto, la mermelada de durazno light de 390 gramos se fue de $ 138 a $ 194.
Como contrapartida, el Salario Mínimo Vital y Móvil registró una movilidad ascendente que fue de $ 24.408 a $ 33.000, equivalente a una suba interanual del 35%. Teniendo en cuenta que los sueldos no se ajustaron por igual en todos los estratos de la sociedad, la pérdida de poder de compra supera incluso el 50% en los sectores de menores recursos.
En un año que se perfila complejo, el Gobierno se prepara para iniciar la “guerra contra la inflación”, que ya es superior a la de Venezuela, que registró una suba de precios del 2,9% en febrero. En ese sentido, se espera el anuncio oficial del presidente Alberto Fernández.















