Este trastorno se caracteriza por las interrupciones en la producción de los sonidos del habla, también denominadas "disritmias" o "disfluencias".

Hablar es un proceso que lleva su tiempo. Es habitual que los niños pequeños (entre 2 y 5 años) no tengan una fluidez total en el habla hasta que aprenden a organizar las palabras y las frases. Sin embargo, pueden aparecer algunos trastornos del habla, que tenemos que ser capaz de identificar lo antes posible para tratarlos adecuadamente.
Uno de ellos es la tartamudez, que afecta la fluidez del habla. Comienza durante la niñez, pero puede durar toda la vida, explica la Asociación Estadounidense del Habla, el Lenguaje y la Audición (ASHA, por sus siglas en inglés).
Este trastorno se caracteriza por las interrupciones en la producción de los sonidos del habla, también denominadas "disritmias" o "disfluencias". La mayoría de las personas producen breves disritmias de vez en cuando. Por ejemplo, se repiten algunas palabras y otras van precedidas por coletillas como "mm".
Común en los niños
La tartamudez comienza entre el segundo y cuarto año de vida, aunque se suele confundir con las dificultades propias de la edad a la hora de hablar. Al final, solo uno de cada veinte niños acaba tartamudeando y muchos de ellos superan el trastorno en la adolescencia, según datos de la Fundación Española de la Tartamudez (TTM). La organización da otro esperanzador dato: menos del 1% de los adultos tartamudea.
En la mayoría de los casos, la tartamudez afecta al menos algunas actividades cotidianas. Las actividades específicas que puedan causar dificultad varían de persona en persona. Para algunos, las dificultades de comunicación sólo suceden durante actividades específicas: hablar ante un grupo grande de personas.
Esto puede llevar a autocensurarnos. Es decir, que las personas limiten su participación en ciertas actividades. Otros pueden tratar de ocultar los problemas con el flujo rítmico del habla reorganizando las palabras en la oración (circunlocución), fingiendo olvidar lo que querían decir o rehusándose a hablar, de acuerdo con la ASHA.
Síntomas o características de la tartamudez
Entonces, ¿cómo diferenciar un discurso de una persona que tartamudea? Nos podemos fijar en varios aspectos. El primero, que incluye repeticiones de palabras o partes de las palabras, además de prolongaciones de los sonidos del habla.
Estas personas también parecen estar muy tensas o "jadeantes" al hablar. Otra situación que se puede dar es la parálisis. Se puede experimentar una parada o un bloqueo total del discurso. El bloqueo del discurso se manifiesta cuando la boca está en posición para emitir un sonido, algunas veces durante varios segundos, llegando a emitir sólo un sonido parcial o sin emitir sonido alguno. Después de un esfuerzo, es posible que la persona complete la palabra.
¿Existen factores de riesgo?
No hay consenso sobre qué factores de riesgo son determinantes en la tartamudez. Según las autoridades sanitarias, muchos especialistas incluyen los siguientes:
• Otros miembros de la familia con problemas de tartamudez.
• Problemas de tartamudez durante seis meses o más.
• Otros trastornos de habla o de lenguaje.
• Temores o inquietudes definitivos sobre la tartamudez por parte del niño o la familia.
Consejos para mantener una buena conversación
No sabemos cómo actuar cuando nos encontramos con una persona que tartamudea. Las reacciones más habituales, y con buena fe: interrumpir, sugerir palabras o simplemente evitar hablar con personas que muestren este trastorno.
No acertamos con ninguna. Por eso, desde la ASHA, dan algunas recomendaciones. Al hablar con una persona que tartamudea, lo mejor es darle el tiempo que necesite para expresar lo que tenga que decir. Es mejor no tratar de terminar las oraciones ni sugerirle palabras. Además, sugerencias como "más despacio," "relájate" o "respira hondo" harán que se sienta más incómodo.















