Los daños pueden incluir desde pérdidas parciales o temporarias hasta roturas de valor incalculable. El último caso, una escultura italiana que perdió dos dedos. Pero antes se registraron otros.

El último caso registrado, en estas últimas horas: el modelo original que el artista neoclásico Antonio Canova usó para hacer una escultura de Paolina Bonaparte perdió dos de sus dedos. Aunque hay muchos otros. ¿El denominador común? Visitantes a museos y turistas que, decididos a sacarse una selfie para inmortalizar el momento, ruedan o tropiezan sobre las obras: los daños pueden incluir desde pérdidas parciales o temporarias hasta roturas de valor incalculable.

En este último caso: la escultura de Paolina Bonaparte, representada como la diosa Venus, que se encuentra en el Museo Gipsoteca Antonio Canova de Possagno, en el norte de Italia. El trabajo dañado fue el modelo original de yeso, realizado en 1804, para la escultura de mármol de Paolina, ubicada en la Galleria Borghese de Roma.
El turista culpable, identificado como austriaco por el museo, “se sentó en la escultura de Paolina Bonaparte (...) y luego salió del museo a toda prisa sin informar el incidente”, dicen las autoridades. Los guardias descubrieron el daño unos minutos después y dieron la alarma.
Vittorio Sgarbi, presidente de la fundación Antonio Canova que supervisa la instalación, se refirió al "un horrible episodio" en el periódico italiano Il Fatto Quotidiano: “Le he pedido a la policía que identifique el vandalismo que pasó inadvertido a los sistemas de seguridad para que esta persona no pueda regresar a casa”, contó.
Este no es, sin embargo, un hecho aislado: en los últimos años, a raíz de esta manía extendida de registrar cada uno de los momentos que los visitantes juzgan trascendentes y los llevan a querer sacarse una selfie, se registran decenas de casos de personas han roto esculturas, pinturas e instalaciones de valor patrimonial e histórico.















