En nuestra ciudad se repiten situaciones que los habitantes se reúsan a naturalizar, tal es el caso del estado de las veredas de nuestra amada Tacita de Plata.
La vereda en cuestión, por la que varios lectores reclaman, es una por la cual transitan miles de personas por día, ya que en la misma están apostadas varias paradas del transporte urbano de pasajeros.
Nos referimos a la vereda sita en la calle Urquiza de la ciudad capital, más exactamente la vereda de los galpones recuperados de la organización Túpaj Katari donde se encuentran las paradas de colectivos que van a la zona sur de la ciudad.
En dicho lugar se puede observar el total deterioro y abandono de la vereda, tornándose peligroso atravesarla debido a los posos y el piso levantado que en días de lluvia se complica aún más.
Ni hablar del peligroso foco infeccioso, caldo de cultivo idóneo para la proliferación de mosquitos que transmiten el dengue y otras enfermedades, que constituyen cuando se llenan de agua; ni de la molestia que generan cuando se da esta situación, que hace que los peatones deban esquivar estos esteros para no mojarse, haciendo de la circulación una experiencia realmente molesta y fastidiosa.
El mal estado de las veredas constituye un peligro para los transeúntes, ni que hablar de las personas con alguna discapacidad o impedimento físico, llamamos a la acción y responsabilidad sobre el tema.
Cabe recordar que el cuidado de las veredas corresponde al vecino propietario. En este caso, al tratarse de una vereda que perteneció alguna vez a instalaciones del Ferrocarril y que hoy está en manos de la organización social, es justamente la organización social la que debe hacerse responsable por el arreglo y mantenimiento de las veredas.
La responsabilidad de apercibir a los vecinos a mantener sus veredas en condiciones es el Municipio que, mediante notificaciones y multas, debe lograr la cooperación necesaria para tener una ciudad limpia, ordenada y linda.
La propiedad viene con responsabilidades. Las "recuperaciones", si bien tienen un status algo sui generis, por no decir en el limbo del gris, deberían tener, al menos, un régimen similar.


















