lunes 15 de octubre de 2018


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Por Pedro Besín

A 66 años de la desaparición física de Evita

A 66 años de la desaparición física de Evita

26 de julio del año 2018

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“El funcionario que se sirve de su cargo es oligarca.  No sirve al Pueblo sino a su vanidad, a su orgullo, a su egoísmo y a su ambición” 

                                                                                                                     Eva Perón  “La Razón de mi Vida”

 

Por Pedro Besín || El 26 de julio de 1952 pasaba a la Eternidad, María Eva Duarte de Perón.  Una indiscutible figura de la Historia Argentina, la Jefa Espiritual de la Nación, para el Pueblo Peronista.

María Eva Duarte de Perón nació un de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos aires.  A los 13 años se trasladó con su familia a Junín.  En 1935 viajó a Buenos Aires para convertirse en actriz de radioteatro y cine.  En 1944 conoció al coronel Juan Domingo Perón, con quien se casó en 1945.

A partir del momento en que Perón asume la Presidencia de la Nación en 1946, Eva inició, de manera incansable y hasta el día de su fallecimiento, el trabajo social.  Colaboró con la CGT y desde la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón –luego llamada simplemente Fundación Eva Perón-, creada por ella en 1948, realiza una profusa obra:  policlínicos, escuelas, hogares de tránsito y de ancianos, la Ciudad de los Niños, la Ciudad Estudiantil, colonias de vacaciones y esparcimiento para el pueblo.  Se ocupó personalmente de los problemas de los más necesitados.  Estableció una relación con la gente que no tendría ni tendrá paralelos.

En 1947 viajó a Europa representando a Perón, y fue homenajeada en España, Italia, Ciudad del Vaticano, Francia, Portugal y Suiza.  De regreso a América fue recibida con honores en Brasil y Uruguay.

Participó activamente en la sanción del voto femenino, a través de la Ley 13.010,  Impulsó la participación de las mujeres en política y creó el Partido Peronista Femenino.

Fue propuesta como candidata a la Vicepresidencia de la Nación el 22 de agosto de 1951 para las elecciones de noviembre de 1951.  Renunció a esa candidatura el 31 de agosto de ese mismo año.

Falleció en Buenos Aires un 26 de julio de 1952.

Las crónicas de la época registraron el fatal desenlace que llenó de luto y consternación al pueblo peronista.

Esa fatídica noche del 26 de julio de 1952, a las 21:40 horas, Radio del Estado y la Red Argentina de Radiodifusión anunciaron que cumplían con el “penosísimo deber de informar al Pueblo de la República, que las 20:25 ha muerto la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación”.

¡Evita ha muerto!  El nombre sencillo y tierno con  que siempre la designó cariñosamente el Pueblo, asumió la grave resonancia de un lamento funerario que cubrió, en toda su extensión, el ámbito del país.  La congoja pública se ha convertido en lágrimas.

UNA PENOSA ENFERMEDAD

Eva Perón falleció luego de una penosa enfermedad que hizo su primera crisis en los últimos días de octubre de 1951, casi a dos meses de su histórico renunciamiento.  Fue internada en una de las obras de la fundación que llevó su nombre.  Fue intervenida quirurgicamente y posteriormente fue trasladada a la Residencia de Olivos de donde salió algunas veces –menos de las que su voluntad hubiera querido- para participar de actos y concentraciones.  Su última aparición pública, en la que fue largamente aplaudida tuvo lugar el 4 de junio de 1952, en ocasión en que el General Perón reasumía la presidencia de la Nación.

En las horas previas a su muerte, LRA 1 emitió tres comunicados en que daba cuenta del agravamiento de la salud de la paciente.  Finalmente, sobre las 21:40 se daba el cuarto y último informe en el que se anunciaba el desenlace fatal.

Los restos de la Primera Dama fueron velados en el Ministerio de Trabajo y Previsión.  Se declaró dos días de Duelo y 30 días de Luto Nacional.  Se suspendieron las actividades oficiales por dos días y se dispuso que la Bandera Nacional sea izada a media asta en edificios públicos y unidades de las Fuerzas Armadas.

30 DÍAS DE DUELO

El Secretario general de la CGT, José Espejo, emitió un comunicado en el que se anunció un duelo de 30 días en la central obrera y se proclamó a la señora Eva Pe3rón “Mártir del Trabajo,  única e imperecedera en el movimiento obrero de nuestra querida Patria”.

Con la voz quebrada por la emoción, espejo expresó que Eva Perón “luchó por la Justicia y el bien” y que “vivirá por siempre en el alma de los trabajadores, de los niños, de los ancianos, de los desamparados, de los dolientes que ella redimió, cuyos ojos lloran y sus corazones sangran ante la ausencia eterna de la bienamada compañera Evita”.

El arzobispo de Buenos Aires, Santiago Luis Capello, luego de expresar sus condolencias personalmente al presidente Perón, dispuso que las campanas de las parroquias de la Arquidiósesis doblaran a la oración y en el acto de sepelio.  El martes siguiente al 26 de julio de 1952, en la Catedral de Buenos Aires se rezó una misa de réquiem.

Se han decretado honores en todas las provincias mientras que quedaron suspendidos todos los espectáculos públicos.

SUS ETERNAS PALABRAS

“Hay peronistas que, un su afán de obtener privilegios, más bien parecen oligarcas que peronistas.  Yo le tengo miedo al espíritu oligarca por una simple razón:  se opone completamente al espíritu de pueblo.  Son dos cosas totalmente distintas, como el día y la noche, como el vinagre y el aceite.  A mí me preocupa extraordinariamente esta cuestión.  He tenido una gran desilusión con gente a la que aprecio cuando la he visto envanecerse como pavos reales cuando se han visto importantes.  Cuando los he visto en “personajes” me ha entrado frío, miedo, angustia y una profunda tristeza.  Perón no ha venido a implantar otra casta.  El ha venido a dignificar al Pueblo para que sea soberano y gobierne.  Y yo no podría ser la esposa del General Perón, ni buena peronista, si tuviera vanidad, orgullo y, sobre todo ambición.  Porque la ambición es el espíritu oligarca que perdería completamente a nuestro movimiento”.

“Mi General, son vuestras gloriosas vanguardias descamisadas las que están presentes hoy, como lo estuvieron ayer y lo estarán siempre, dispuestas a dar la vida por Perón.  Ellos saben bien que antes de la llegada del General Perón vivían en la esclavitud y, por sobre todas las cosas,  habían perdido las esperanzas en un futuro mejor.  Saben que fue el General Perón el que los dignificó social, moral y espiritualmente.  Saben también que la oligarquía, que los mediocres, que los vendepatrias, no están derrotados y que desde sus guaridas atentan contra el Pueblo y contra la nacionalidad.  Pero nuestra oligarquía, que siempre se vendió por cuatro monedas, no cuenta, en esta época en que el Pueblo Argentino está formado por hombres y mujeres dignos, capaces de morir para terminar de una vez por todas con los vendepatrias y los entreguistas”.

“Nuestra consigna debe ser la de servir al Pueblo y no servir a nuestro egoísmo que, en el fondo, todos tenemos; ni a nuestra ambición, porque eso es tener lo que yo llamo “espíritu oligarca”.  El funcionario que se sirve de su cargo es oligarca.  No sirve al Pueblo sino a su vanidad, a su orgullo, a su egoísmo y a su ambición.  Esos no son peronistas, son  ídolos de barro porque el Pueblo los desprecia.  Le tengo más miedo a la oligarquía que puede estar dentro de nosotros que a esa que vencimos el 17 de octubre.  Porque a aquella la combatimos, la arrollamos y la vencimos, en tanto que ésta puede nacer cada día entre nosotros.  Por eso los peronistas debemos tratar de ser soldados para matar y aplastar a esa oligarquía, donde quiera que nazca”.

“Yo no sé lo que pensarán los historiadores y los que comentan la historia, pero creo firmemente -y de ésta idea no me podrán sacar- que la causa de todos los males de la historia de los pueblos es, precisamente, el predominio del espíritu oligarca sobre el Espíritu del Pueblo.  Por ello afirmo que el peronismo triunfante el 17 de octubre es una victoria del auténtico Pueblo sobre la oligarquía.  Y para que esta victoria no se pierda, como se perdieron la Revolución Francesa y la Revolución Rusa, es necesario que los dirigentes del movimiento peronista no se dejen influir por el espíritu oligarca.  A veces observo que cuando se dicen cosas importantes nos aplauden si tenemos razón pero, en la práctica, hacen –esos mismos que aplaudieron- todo lo contrario.  Hay que aplaudir y gritar menos y actuar más”.

 

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“El funcionario que se sirve de su cargo es oligarca.  No sirve al Pueblo sino a su vanidad, a su orgullo, a su egoísmo y a su ambición” 

                                                                                                                     Eva Perón  “La Razón de mi Vida”

 

Por Pedro Besín || El 26 de julio de 1952 pasaba a la Eternidad, María Eva Duarte de Perón.  Una indiscutible figura de la Historia Argentina, la Jefa Espiritual de la Nación, para el Pueblo Peronista.

María Eva Duarte de Perón nació un de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos aires.  A los 13 años se trasladó con su familia a Junín.  En 1935 viajó a Buenos Aires para convertirse en actriz de radioteatro y cine.  En 1944 conoció al coronel Juan Domingo Perón, con quien se casó en 1945.

A partir del momento en que Perón asume la Presidencia de la Nación en 1946, Eva inició, de manera incansable y hasta el día de su fallecimiento, el trabajo social.  Colaboró con la CGT y desde la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón –luego llamada simplemente Fundación Eva Perón-, creada por ella en 1948, realiza una profusa obra:  policlínicos, escuelas, hogares de tránsito y de ancianos, la Ciudad de los Niños, la Ciudad Estudiantil, colonias de vacaciones y esparcimiento para el pueblo.  Se ocupó personalmente de los problemas de los más necesitados.  Estableció una relación con la gente que no tendría ni tendrá paralelos.

En 1947 viajó a Europa representando a Perón, y fue homenajeada en España, Italia, Ciudad del Vaticano, Francia, Portugal y Suiza.  De regreso a América fue recibida con honores en Brasil y Uruguay.

Participó activamente en la sanción del voto femenino, a través de la Ley 13.010,  Impulsó la participación de las mujeres en política y creó el Partido Peronista Femenino.

Fue propuesta como candidata a la Vicepresidencia de la Nación el 22 de agosto de 1951 para las elecciones de noviembre de 1951.  Renunció a esa candidatura el 31 de agosto de ese mismo año.

Falleció en Buenos Aires un 26 de julio de 1952.

Las crónicas de la época registraron el fatal desenlace que llenó de luto y consternación al pueblo peronista.

Esa fatídica noche del 26 de julio de 1952, a las 21:40 horas, Radio del Estado y la Red Argentina de Radiodifusión anunciaron que cumplían con el “penosísimo deber de informar al Pueblo de la República, que las 20:25 ha muerto la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación”.

¡Evita ha muerto!  El nombre sencillo y tierno con  que siempre la designó cariñosamente el Pueblo, asumió la grave resonancia de un lamento funerario que cubrió, en toda su extensión, el ámbito del país.  La congoja pública se ha convertido en lágrimas.

UNA PENOSA ENFERMEDAD

Eva Perón falleció luego de una penosa enfermedad que hizo su primera crisis en los últimos días de octubre de 1951, casi a dos meses de su histórico renunciamiento.  Fue internada en una de las obras de la fundación que llevó su nombre.  Fue intervenida quirurgicamente y posteriormente fue trasladada a la Residencia de Olivos de donde salió algunas veces –menos de las que su voluntad hubiera querido- para participar de actos y concentraciones.  Su última aparición pública, en la que fue largamente aplaudida tuvo lugar el 4 de junio de 1952, en ocasión en que el General Perón reasumía la presidencia de la Nación.

En las horas previas a su muerte, LRA 1 emitió tres comunicados en que daba cuenta del agravamiento de la salud de la paciente.  Finalmente, sobre las 21:40 se daba el cuarto y último informe en el que se anunciaba el desenlace fatal.

Los restos de la Primera Dama fueron velados en el Ministerio de Trabajo y Previsión.  Se declaró dos días de Duelo y 30 días de Luto Nacional.  Se suspendieron las actividades oficiales por dos días y se dispuso que la Bandera Nacional sea izada a media asta en edificios públicos y unidades de las Fuerzas Armadas.

30 DÍAS DE DUELO

El Secretario general de la CGT, José Espejo, emitió un comunicado en el que se anunció un duelo de 30 días en la central obrera y se proclamó a la señora Eva Pe3rón “Mártir del Trabajo,  única e imperecedera en el movimiento obrero de nuestra querida Patria”.

Con la voz quebrada por la emoción, espejo expresó que Eva Perón “luchó por la Justicia y el bien” y que “vivirá por siempre en el alma de los trabajadores, de los niños, de los ancianos, de los desamparados, de los dolientes que ella redimió, cuyos ojos lloran y sus corazones sangran ante la ausencia eterna de la bienamada compañera Evita”.

El arzobispo de Buenos Aires, Santiago Luis Capello, luego de expresar sus condolencias personalmente al presidente Perón, dispuso que las campanas de las parroquias de la Arquidiósesis doblaran a la oración y en el acto de sepelio.  El martes siguiente al 26 de julio de 1952, en la Catedral de Buenos Aires se rezó una misa de réquiem.

Se han decretado honores en todas las provincias mientras que quedaron suspendidos todos los espectáculos públicos.

SUS ETERNAS PALABRAS

“Hay peronistas que, un su afán de obtener privilegios, más bien parecen oligarcas que peronistas.  Yo le tengo miedo al espíritu oligarca por una simple razón:  se opone completamente al espíritu de pueblo.  Son dos cosas totalmente distintas, como el día y la noche, como el vinagre y el aceite.  A mí me preocupa extraordinariamente esta cuestión.  He tenido una gran desilusión con gente a la que aprecio cuando la he visto envanecerse como pavos reales cuando se han visto importantes.  Cuando los he visto en “personajes” me ha entrado frío, miedo, angustia y una profunda tristeza.  Perón no ha venido a implantar otra casta.  El ha venido a dignificar al Pueblo para que sea soberano y gobierne.  Y yo no podría ser la esposa del General Perón, ni buena peronista, si tuviera vanidad, orgullo y, sobre todo ambición.  Porque la ambición es el espíritu oligarca que perdería completamente a nuestro movimiento”.

“Mi General, son vuestras gloriosas vanguardias descamisadas las que están presentes hoy, como lo estuvieron ayer y lo estarán siempre, dispuestas a dar la vida por Perón.  Ellos saben bien que antes de la llegada del General Perón vivían en la esclavitud y, por sobre todas las cosas,  habían perdido las esperanzas en un futuro mejor.  Saben que fue el General Perón el que los dignificó social, moral y espiritualmente.  Saben también que la oligarquía, que los mediocres, que los vendepatrias, no están derrotados y que desde sus guaridas atentan contra el Pueblo y contra la nacionalidad.  Pero nuestra oligarquía, que siempre se vendió por cuatro monedas, no cuenta, en esta época en que el Pueblo Argentino está formado por hombres y mujeres dignos, capaces de morir para terminar de una vez por todas con los vendepatrias y los entreguistas”.

“Nuestra consigna debe ser la de servir al Pueblo y no servir a nuestro egoísmo que, en el fondo, todos tenemos; ni a nuestra ambición, porque eso es tener lo que yo llamo “espíritu oligarca”.  El funcionario que se sirve de su cargo es oligarca.  No sirve al Pueblo sino a su vanidad, a su orgullo, a su egoísmo y a su ambición.  Esos no son peronistas, son  ídolos de barro porque el Pueblo los desprecia.  Le tengo más miedo a la oligarquía que puede estar dentro de nosotros que a esa que vencimos el 17 de octubre.  Porque a aquella la combatimos, la arrollamos y la vencimos, en tanto que ésta puede nacer cada día entre nosotros.  Por eso los peronistas debemos tratar de ser soldados para matar y aplastar a esa oligarquía, donde quiera que nazca”.

“Yo no sé lo que pensarán los historiadores y los que comentan la historia, pero creo firmemente -y de ésta idea no me podrán sacar- que la causa de todos los males de la historia de los pueblos es, precisamente, el predominio del espíritu oligarca sobre el Espíritu del Pueblo.  Por ello afirmo que el peronismo triunfante el 17 de octubre es una victoria del auténtico Pueblo sobre la oligarquía.  Y para que esta victoria no se pierda, como se perdieron la Revolución Francesa y la Revolución Rusa, es necesario que los dirigentes del movimiento peronista no se dejen influir por el espíritu oligarca.  A veces observo que cuando se dicen cosas importantes nos aplauden si tenemos razón pero, en la práctica, hacen –esos mismos que aplaudieron- todo lo contrario.  Hay que aplaudir y gritar menos y actuar más”.

 


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