07-10-17 |

A Macri lo alteran tres obsesiones, lo cercan dos dudas y lo asiste una gran certeza

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Tres obsesiones, dos dudas y una certeza absoluta. Eso es lo que ronda hoy en la cabeza de Mauricio Macri cada vez que piensa en lo que vendrá después del próximo domingo 22.

Las elecciones legislativas parecen ser para el Presidente un trámite con resultado previsible cuando le preguntan sobre el tema. Sostiene que la gente ya se manifestó en agosto, lo que explica el escaso clima electoral que se percibe. Y se anima a pronosticar que en la provincia de Buenos Aires la lista que encabezan Esteban Bullrich y Gladys González derrotará por al menos dos puntos al binomio Cristina Kirchner-Jorge Taiana, que en las primarias obtuvo 20.000 votos más que los oficialistas. Las encuestas, como la que publicará mañana LA NACION de Poliarquía Consultores, le dan la razón en gran medida.

Por convicción o cálculo, en las reuniones con quienes no integran su espacio derrocha optimismo cuando aborda lo que vendrá: “El año que viene despegamos en serio, viene la curva ascendente. El viento sopla de nuevo a favor nuestro”, dice en referencia al crecimiento económico. E inmediatamente advierte: “Ahora que tomamos velocidad no podemos errarle”.

Una de las pocas sombras que se posa en su horizonte tiene las formas de la jefa de los fiscales. Gils Carbó es su karma. “Ella y los que la sostienen tenían tres propósitos: que el Gobierno fracasara, meternos presos o, al menos, complicarnos la vida haciéndonos perder tiempo.

Las dos primeras no las consiguió, pero tiene mucho éxito en hacernos perder tiempo, activando denuncias contra cualquier funcionario sin ningún elemento, mientras que con el kirchnerismo sus fiscales desestimaban cualquier investigación con evidencias abrumadoras”, le han escuchado decir a Macri sus interlocutores de los últimos días en cada ocasión que se habla de la situación política y judicial.

Macri recupera el entusiasmo con la probabilidad de que la procuradora sea procesada por la cuestionada compra del edificio de la procuración y que eso abra paso a su destitución. Aunque no parece tener muy en claro cómo se lograría ese desenlace.

En un término medio entre la preocupación y la ilusión se encuentra la segunda de sus obsesiones: reducir el déficit fiscal en casi un punto y medio respecto del de este año, que se calcula cerrará en alrededor de 4,5% (sin contar el rojo de las provincias) con relación al PBI. Cada vez que puede lo menciona, más como meta vital que como dato económico por alcanzar, para que se sepa y para ponerles presión a sus funcionarios y cumplan con el objetivo recortando todos los gastos posibles.

Lograr las reformas fiscal y laboral son la otra fijación, aunque prefiere no ahondar en precisiones. Espera a que el triunfo que da por descontado en las elecciones esté firme para negociar en las mejores condiciones con el peronismo no kirchnerista. Por eso elude estratégicamente cualquier tipo de detalle a la espera de que los proyectos se discutan con otro clima político.

En gran medida, esas reformas dependerán de la reorganización del peronismo, que es la primera de sus dudas, aunque ya descarta que Cristina Kirchner pueda recuperar un rol decisivo.

Apuesta a los justicialistas “razonables”, entre los que incluye en el topfive (y halaga cuanto puede) al senador Miquel Pichetto y a los gobernadores Juan Manuel Utubey (Salta), Juan Schiaretti (Córdoba), Sergio Uñac (San Juan) y Gustavo Bordet (Entre Ríos). Los considera confiables para lograr acuerdos clave.

En cambio, se destaca la ausencia de diputados opositores en su nómina de interlocutores y explícitamente excluye a Sergio Massa, aunque dicen que ya no muestra irritación, como antes, cuando aparece el nombre del tigrense.

La otra duda que no oculta es qué hará Carrió en su batalla contra Lorenzetti que la campaña electoral puso entre paréntesis. Nadie lo ha escuchado decir nada contra el titular de la Corte, aunque dicen que a veces se le escapa el deseo de que “deje de especular políticamente”.

Se supone que el gran tema para el que usa esa premisa es el fallo pendiente en el reclamo por el Fondo del Conurbano que impulsó la gobernadora María Eugenia Vidal. Por eso, a veces algunos de sus interlocutores se van con la duda de cuánto le molestan y cuánto le sirven (y deja correr) los embates del huracán Lilita.

Parece una forma de confirmar una afirmación que se le ha escuchado en forma recurrente y que lo muestra cómodo en su rol: “La curva de aprendizaje de lo que significa ser Presidente es dura, pero ya pasó lo peor”.

Si se concreta su gran certeza, y logra despejar las pocas dudas que expresa, ve muy probable la concreción de lo que le obsesiona para después de las elecciones legislativas. Y entonces pondrá la vista y la proa hacia las presidenciales de 2019, lo que no oculta ante nadie que lo haya visto en los últimos días.

Sólo lo ronda una sombra que lo desvela: la clasificación del seleccionado para el Mundial del año próximo, hoy más complicada que nunca. “No clasificar va a tener impacto político, sin dudas, porque el Presidente se va a deprimir mucho”, bromea (y no tanto) por estas horas.

Fuente: LANACION
Por: Claudio Jacquelin


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